Visión de juego | La mejor actuación olímpica de la historia de Venezuela

Nadie debe olvidar que la mejor actuación de Venezuela en la historia de los Juegos Olímpicos se consiguió en medio de las mayores dificultades que ha vivido nuestro país y el planeta, del que no escapó el deporte.

El oro de Yulimar Rojas en salto triple con récord mundial y olímpico incluido; las preseas de plata de los pesistas Julio Mayora y Keydomar Vallenilla, y de la “leyenda” Daniel Dhers en el debut del BMX estilo libre en el calendario de estas competencias, son históricas.

Nunca Venezuela había obtenido tantas medallas de tan vistosos metales, y la cosecha pudiera aumentar, si Antonio Díaz se mete entre los tres mejores del kata.

La proyección que realizaron el exministro del deporte, Pedro Infante, y su sucesor en la presidencia del Instituto Nacional del Deporte, Juan Carlos Amarante, responsables de la planificación y la ejecución de la Ruta Olímpica de Tokyo 2020, fue ambiciosa.

Insistían en que pese a las enormes problemas económicos del país, que repercutió en la reducción del presupuesto para el deporte en general, Venezuela podía tener una actuación memorable, con un menor número de clasificados.

El concepto más repetido de Infante y Amarante fue “priorizar” el presupuesto y dedicar los recursos a los atletas con más opciones de clasificar y obtener medallas, como Yulimar, la selecciones de pesas, la de karate con Antonio Díaz a la cabeza, y respaldar la preparación de Dhers en BMX, desde que en 2017 el Comité Olímpico Internacional confirmó que sería un deporte olímpico, y la “leyenda” expresó su determinación de competir por Venezuela.

Los resultados obtenidos en Tokyo dieron la razón a esa planificación. Con 43 atletas clasificados se consiguió la mayor efectividad de inversión y medallas con las cuatro preseas alanzadas hasta la jornada de ayer.

Antes de Tokyo 2020, las mayores cotas alcanzadas por nuestro país habían sido los tres bronces del nadador Rafael Vidal, y los boxeadores Marcelino Bolívar y Omar Catarí en Los Ángeles 1984; el oro y el bronce de los taekwondistas Arlindo Gouveia y Adriana Carmona en Barcelona 1992, cuando éste era un deporte de exhibición, la plata de Yulimar, el bronce trasmutado en plata del boxeador Yoel Finol en Río y el bronce de Stefany Hernández en BMX, en la cita de Río de Janeiro 2016.

Cuando el boxeador Francisco “Morochito” Rodríguez subió a lo más alto del podio en México 1968 y el espadista Rubén Limardo también escuchó el himno nacional en Londres 2012, no hubo más preseas para celebrar.

Los triunfos de Yulimar, Mayora, Vallenilla y Dhers tienen, además un componente social que se debe resaltar en mayúscula. La formación y temprano desarrollo como atletas se forjó en el sistema deportivo desarrollado desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1999.

La triplista canalizó su talento a través del Instituto de Deportes de Anzoátegui, cuando se acercó a las instalaciones para practicar voleibol y su primer entrenador, Jesús “Tuqueque” Velázquez la convirtió en una saltadora de alto, luego de largo y finalmente de triple.

Mayora se inició en la Unidad de Talento de la parroquia Carlos Soublette, en La Guaira, y Vallenilla ha hecho su vida deportiva en el IND de El Paraíso.

Ninguna empresa privada puso a disposición una instalación o dio patrocinio por su cuenta para ellos. Solo lo hizo el Estado.

Como consecuencia de esta inversión, desde Atenas 2004 se han conseguido dos doradas, cinco platas y dos bronces, siendo bajo la gestión del presidente Maduro la zafra de mayor cosecha de premios: un oro, cinco de plata y un bronce.

Cuando alguien insinúe que los atletas no reciben apoyo del Estado, solo hay que recordar que la generación de oro, liderada por Yulimar Rojas surgió en esta época, y derrotó con sus saltos el bloqueo contra Venezuela y la pandemia.

El atletismo necesita recuperar sus pistas para sacar nuevos campeones

Después de esta victoria rutilante de Yulimar Rojas en Tokyo 2020, que la convierte en la atleta más sobresaliente en la historia del país, el mejor homenaje que se le puede realizar no está en recibimientos tumultuosos ni en entrega de condecoraciones, que son valiosas para decorar su vitrina de premios.

El atletismo necesita recuperar el funcionamiento de sus instalaciones, que se han ido deteriorando por el paso inexorable del tiempo, y no dan para más.

El estadio Brígido Iriarte de El Paraíso fue desde su nacimiento como estadio Nacional, el alma del atletismo venezolano. Allí se forjó la leyenda de la generación de superdotados de los años sesenta liderada por Rafael Romero, Artemio Fusil, Horacio Estévez, Roberto Marchán, Jimmy Maldonado y tantos otros atletas de pista y campo que marcaron la historia más glorioso de este deporte hasta la aparición de la plusmarquista Yulimar Rojas.

El Brígido Iriarte requiere una nueva pista de atletismo, así como el estadio José Antonio Anzoátegui de Puerto La Cruz, donde Yulimar se inició como corredora de 100 metros, saltadora de largo, de alto y luego en triplista; y también el Pachencho Romero de Maracaibo, en un estado que ha sido el semillero de velocistas.

Lo ideal sería construir un Centro de Rendimiento para el Atletismo. Así se evitaría definitivamente la inveterada pugna por el uso de la instalación con los equipos de fútbol, como ocurre en la instalación de El Paraíso.

El Estado no puede ser el único financista de una obra así. La empresa privada debe sumarse a esta iniciativa para que exista un CAR, donde los atletas de alto rendimiento puedan entrenar a su anchas con la idea de emular las hazañas de la plusmarquista.


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