Gancho de izquierda | Aquellos 200 de Rafo con fiebre 41°…

No creemos que haya en la historia del atletismo nacional y  quizás en los anales de nuestro deporte una proeza comparable–por las singulares y hasta dramáticas circunstancias en que se cumplió–a la que en  julio de 1963 en Sao Paulo, Brasil, protagonizó el zuliano Rafael Romero Sandrea, quien nos dejó físicamente el pasado domingo. En merecido y pesaroso tributo a su memoria enhebramos estas líneas en nuestra columna de todos los jueves, la cual habitualmente tiene como tema las idas y venidas del boxeo nacional y mundial.

 Antes de proceder a recontar de forma breve aquella hazaña de 58 años atrás, adelantemos que el contingente venezolano cosechó allí tres galardones dorados. Uno de ellos lo conquistó el medallista olímpico de bronce en Roma-60, el tirador Enrico Forcella en carabina posición tendida en 50 metros, un segundo lo aportó el ciclista carabobeño Gregorio Carrizales en la extenuante prueba de ruta. El tercero llegó merced a las veloces piernas y al colosal coraje competitivo de Rafo (como le llamábamos sus amigos).

La noche antes de la final de los 200 metros planos el velocista criollo estuvo prendido en una fiebre de 40-41 grados, pocas horas después de su clasificación para la final, conjuntamente con su coterráneo zuliano Arquímedes Herrera. .

La fiebre no  había cedido en la mañana de la carrera. Es rigurosamente cierto que el  delegado y presidente de la FVA, Eduardo Alfonzo, le sugirió a Rafael que  no corriera, que volviera a la concentración. «¿Qué me vaya…?”, le replicó y se le salió el maracucho: “¡Vergación, Eduardo, me tenéis que matar…!”

John Muñoz, otro de los miembros de aquel selecto grupo bautizado como Superdotados por sus muchos laureles internacionales, nos contó que el médico de la delegación, José Domingo Martínez Morales, puso a Romero una gruesa cobija sobre los hombros y lo  llevo hasta el carril de salida.

Al sonar el pistoletazo los corredores saltaron como impulsados por un resorte- A escasos metros del final Rafo, el estadounidense Oleg Cassell y Arquímedes venían apareados y así los sorprendió la llegada…

Fue necesario ir al foto-finish, utilizado por vez primera en unos Panamericanos, pues los tres corredores registraron igual tiempo de 21.2 segundos. El juez  principal examinó durante varios expectantes segundos el foto-finish, que determinó que Rafael Romero, Rafo, el de Venezuela, había sido el ganador, escoltado por Cassell y que Herrera tenía el bronce.

38 medallas de oro

en 15 años de actividad

Adicionalmente no sobra decir que Rafael participó en los JJOO de Melbourne—1956, con 18 años de edad, en Roma-60 yTokio-64, y que fue campeón iberoamericano de 100 planos en 1960 en Chile y en 100 y 200 en los de Madrid-62, a más de campeón CAC y suramericano, En los Panamericanos de 1959 formó en el 4×100 que ganó plata, con Emilio Romero, Clive Bonas y Lloyd Murat e igualmente plata en Sao Paulo en la misma prueba, entre otros notables desempeños en el ámbito nacional.

El estadio de atletismo de Maracay lleva su nombre desde el año 2007. El CPD lo exaltó al Salón de la Fama del Deporte Nacional en 1996 y otro tanto hizo la Federación Venezolana de Atletismo en su Salón en el año de su fundación, en 2009, Tal palmarés le hace ser reconocido por cientos de entendidos como el mejor deportista masculino en pista y campo de todas las épocas, nacionalmente..

En sus 15 años de actividad en las pistas atléticas Rafael Romero coleccionó 38 medallas de oro y 78 en total de los tres metales, con seguridad una cifra sin igual en lo individual en pista y campo y probablemente en todo el deporte venezolano.

El actor de aquella épica hazaña que hemos recontado someramente, una gloria de nuestro deporte es quien el domingo pasado dejó de existir en el Hospital Militar de Maracay.

Paz a los  restos mortales de Rafael Romero, a quien hemos pretendido rendir un sencillo y póstumo homenaje, acongojados, con estas apretadas, inconexas y apresuradas líneas.

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