La noche aquella en Foxboro, cuando con una finta exquisita Ronald Vargas dejó sembrado en el césped a Juan, zaguero central brasilero, se creyó que al fin Venezuela había conseguido el eslabón perdido. Fue una victoria de la Vinotinto por 2 a 0, y aunque fue en un partido amistoso quedó ese sabor de que el atacante, por entonces con 21 años de edad, podía llegar a la cúspide internacional. Explotaron entonces las discusiones si era él, o Stalin Rivas, el jugador de más genio dado por Venezuela.
Y el jueves pasado, ante Brasil, nos vino a la memoria Ronald. No sabemos, nunca se sabrá si el atacante de Guatire podría haber abierto boquetes en la zaga adversaria, pero aquellas habilidades pudieron haber hecho un daño irreparable. Especialmente si recordamos la lentitud brasilera de aquella noche, la carencia de imaginación y la ausencia de lo que más se ha preciado, por décadas, el fútbol brasileño: su capacidad para la improvisación, aquellas chispas que saltan de las oscuridades a la luz de los partidos.
Hemos hecho este recordatorio ahora que el jugador venezolano, por algunas veces alucinante, se ha ido. Luego de deslumbrar con el Caracas partió a Bélgica, y allá fueron a verlo encumbrados clubes de sobrado linaje. Vargas aquí, Vargas allá. “¿Quién es ese brasilero?”, preguntaban los emisarios del Inter de Milán. Y los del Liverpool. Y lo de varios grandes que querían llevarse a la joya recién descubierta.
Pero llegaron las lesiones, aquella fragilidad que se convirtió en la sombra maldita que lo persiguió hasta verlo como hoy, con el desencanto como estandarte, y que lo llevaron a Grecia, a Australia, vuelta a Bélgica pero ya en la decadencia al aceptarlo solamente en la segunda división. Ya el Bujas, el Anderlecht, solo fueron las perlas perdidas de un collar que pudo haber llegado a donde ningún jugador del país. Ahora, al trasluz de los tiempos, ante el reposo que dan los días, habría que preguntarse: con las opciones que tuvo la Vinotinto ante Brasil, ¿qué hubiera pasado si Ronald Vargas, aquel Ronald Vargas del gol genial en el Foxboro Stadium hubiera estado poniendo sus cartuchos de dinamita entre Marquinhos y Thiago Silva?
Esto de pasar entre los zagueros centrales ha sido solo sueño, pero como soñar todavía nada cuesta vamos a seguirlo imaginando, vamos a seguir viendo de lo nunca visto. Gol de Ronald Vargas, gol del astro de Guatire, todo el país celebra a su ídolo.
EN TIPS
Misterio
Salomón Rondón no se incorporó a la selección por el impedimento que representa el regreso a Inglaterra para cumplir con la cuarentena. Sin embargo, Edison Cavani, que también es jugador de la Premier, sí lo hizo con Uruguay. ¿Por qué uno no y el otro sí?
¿Lesionados?
Jefferson Savarino, Yangel Herrera, Josef Martínez y Mikel Villanueva no vinieron al partido por lesiones; no obstante, sí actuaron con sus equipos en los países en los que juegan. ¿Qué pasó?
Amargura
En el último partido Venezuela-Brasil en suelo nacional, jugado en San Cristóbal en octubre de 2008, la Vinotinto cayó sin remedio con un 4 a 0 que no dejó dudas. El técnico nacional era, para entonces, César Farías.
Nacionalismo
Durante varios mundiales los venezolanos celebraron por las calles las victorias de los brasileros, hasta que aparecieron las conquistas de la Vinotinto. El jueves no hubo fiesta.
Días de Stalin Rivas
Seguramente la generación de comunicadores y aficionados de nueva generación hayan oído hablar de Stalin Rivas. De sus habilidades, de su genio, de todo lo que era capaz de hacer en un pedazo de la cancha.
Quien ahora escribe vivió ese tiempo, pero particularmente recordamos el partido contra Brasil en la Copa América de 1989.
Se jugaba en Bahía, y Mazinho, lateral derecho de Brasil y ya jugador de elite, estuvo cerca de enloquecer porque no podía contener al muchacho iconoclasta de diecisiete años salido desde San Félix, estado Bolívar, y que había ido a la Copa a jalar por las barbas al propio número dos de a Selecao.




