El Caracas volvió a ser el cronógrafo sincronizado con los pulsadores de arranque, parada y puesta a cero en perfecto funcionamiento para marcar los tiempos del partido. Cuando cada pieza del equipo de Noel Sanvicente ocupa su exacta posición, ha sido indetenible en el hexagonal A de la Liga Futve. Si falta algún elemento en el terreno, como ocurrió el domingo en el clásico ante Deportivo Táchira, en el que se ausentaron Bonsu Osei y Edson Castillo por amonestaciones, el funcionamiento y la dinámica del equipo se resiente, decae y se muestra vulnerable. No fue lo que ocurrió ante Monagas.
El cuadro capitalino superó rápidamente el golpe anímico de la derrota en Pueblo Nuevo y recuperó la sincronía de su juego en el Olímpico. En veinte minutos de intensidad arrasó con el dispositivo táctico de tres centrales dispuesto por Jhonny Ferreira para contener el ataque de los avileños.
Pero el éxito del Caracas no se remite exclusivamente al explosivo tridente conformado por Osei, Samson Akinyoola y Richard Celis. Una de sus mayores virtudes radica en la inteligencia de Leonardo Flores y Edson Castillo para iniciar las transiciones. Reciben siempre a los costados, en esa tierra de nadie que dejan los delanteros y los volantes rivales. Con tiempo y espacio cambian el ritmo jugando a un toque para que Osei y Celis ataquen por las bandas, y Akinyoola concluya las jugadas con su velocidad y potencia. El segundo gol contra Monagas, en el que Osei desbordó para que Akinyoola fusilara a Caprio, fue producto de esa temporización en los movimientos que ha convertido al Caracas en una trituradora.
Si Monagas no salió goleada del Olímpico, como ocurrió antes con La Guaira y Estudiantes de Mérida fue por el tirón que sufrió Akinyoola y obligó a Sanvicente a resguardarlo en el segundo tiempo para evitar una lesión de mayor gravedad. Al partido le sobraron los 45 minutos del segundo tiempo, porque Caracas prefirió congelar el resultado, y asegurar el triunfo que los deja a las puertas de la final posiblemente contra el mismo Monagas, en virtud del traspié que sufrió Táchira en Barquisimeto.
Fiel a su costumbre en los últimos años, el cuadro aurinegro se desinfló en el partido decisivo. Su ataque ha dependido en exceso del combustible inagotable de Pérez Greco y de la energía de Yerson Chacón. Pero cuando el juvenil no aparece en toda su plenitud, el Táchira se apaga, como sucedió ante Deportivo Lara. El equipo de Leo González controló el desarrollo del juego a partir de uno de los mediocampistas de más proyección en el Futve: Telasco Segovia, una suerte de Sergio Busquets tropical, que toca en corto o en largo con precisión, anticipa y ordena a su equipo con sus omnipresencia.




