El 28 de septiembre de 1973 en Boston ante los Cerveceros, Luis Aparicio jugó su último encuentro de la temporada. Desde el campocorto de los Medias Rojas tuvo una noche perfecta con cinco outs y una asistencia, mientras dio un sencillo para ascender a .271 su promedio ofensivo. El más elevado en las tres últimas campañas.
Lo que tal vez Aparicio no sospechaba, y mucho menos sus cultores, era que también sería el juego final de su carrera de dieciocho años en las grandes ligas.
La certeza de su adiós comenzó a materializarse en febrero en el campo de entrenamiento, cuando los Medias Rojas lo dejaron en libertad. Estaba por cumplir 40 años y los Medias Rojas ya tenían listo su sustituto, el joven Rick Burleson. Aparicio retornó de inmediato a Venezuela, incluso después de rechazar una oferta de los Cardenales de San Luis. A su edad y con dieciocho años de servicio en la gran carpa, ya no estaba dispuesto a comenzar de nuevo.
También fue el comienzo de comentarios y especulaciones acerca de la posibilidad que tendría de alguna vez llegar hasta el Salón de la Fama. Ciertamente era una opción que los medios de la época como los aficionados, la vislumbraban a partir de sus logros.
Su premio como “Novato del Año” de la Liga Americana en 1956, sus nueve títulos en bases robadas en sus primeras nueve campañas, sus nueve “Guantes de Oro” como el mejor shortstop de la liga, sus trece Juegos de Estrellas, sus 2677 imparables y su promedio vitalicio en bateo de .262 entre otras razones.
No era solo un sueño estimulado por la ilusión de ver al primer venezolano en Cooperstown. Incluso, entre los periodistas que entonces seguíamos las incidencias de las grandes ligas en las redacciones deportivas de la época, existía la certeza de que ocurriría. Solo había una duda, “cuándo”.
No es una regla, pero la historia del premio demuestra cómo los colegas de la Asociación de Cronistas de Estados Unidos, se ven tentados a votar solo por un candidato si éste encarna a ese pelotero que no admite reservas sobre su grandeza, y Aparicio fue víctima de ese supuesto criterio.
En sus cinco primeras apariciones entre los candidatos a partir de 1979, debió esperar para dar paso al legendario jardinero Willie Mays, a los toleteros Al Kaline y Duke Snider, al pitcher Bob Gibson, los jardineros Henry Aaron y Frank Robinson, y al antesalista Brooks Robinson y el pitcher Juan Marichal.
Fue electo en 1984 con 341 votos, 84.6 %, monto más alto entre los elegidos entonces: el jonronero Harmon Killebrew y el lanzador Don Drysdale, asimismo, relegados en escogencias anteriores. Han pasado 37 años. El único venezolano en Cooperstown.




