Camiseta 10 | Santo, y “nacido para ganar”

Hace algunos años, una película de Hollywood se puso de moda entre la juventud: “Nacido para perder” era el título del film que la gente tomó como un dicho popular.

Se decía, como “bullying” de la época (años 70 y 80), a aquel a quien no le había ido bien en los estudios o en el trabajo, porque se le consideraba “nacido para perder”.

Nunca se filmó una que llevara el “Nacido para ganar” como titulación, tal vez porque la derrota era entonces más atractiva y morbosa que la caída y, también, porque luego del éxito de la primera cinta ningún artista se atrevía llevar a la pantalla grande la versión contraria. Bueno, pero sí.

Por estos días hay en Venezuela un personaje que con toda propiedad podría encarnar a aquel vencedor, a aquel que levantara los brazos y sonriera, con su sonrisa del tamaño del arco iris, del tamaño del ancho horizonte, por haber sido triunfador en toda circunstancia. Tiene apellido de santo y, aunque no lo sea, con los años fue beatificándose en el corazón de la delirante y consecuente afición del Caracas, de todo el país…

Sí, claro. Ya lo sabe todo el que haya leído las líneas anteriores; el texto, por acaso, está lejos de ser una jugarreta o una adivinanza, porque el nombre de Noel Sanvicente no pasa inadvertido para el que haya tenido la más mínima aproximación al fútbol venezolano.

Ahora recordamos la entrevista que le hicimos en las páginas del diario “El Nacional”, cuando el moreno nacido en Puerto Ordaz y vestido con la camiseta blanquinegra del Mineros de Guayana hacía malabares con el balón.

Corría 1986 y para entonces se le consideraba el mejor futbolista del país, infaltable en la selección Vinotinto; tanto así, que se le llamaba “el brasilero” por el parecido de las finezas de su fútbol con la de los muchachos salido desde las canteras inagotables de la inmensa nación del sur…

Y, cómo no, se transformó en permanente estudioso del juego y al poco tiempo en el técnico más exitoso que haya actuado en Venezuela. Caramba, el mejor en todo, en la cancha y detrás de la línea donde el fútbol es grito y movimiento incesante de brazos desesperados.

Por eso, y quizá por un respeto a lo que es y a lo que ha sido, y por su personalidad sincera pero firme con sus jugadores, por la amabilidad en la atención a los medio de comunicación es por lo que nos cuesta llamarlo, como se le llama amistosamente en el universo futbolístico, “Chita”.

Sabemos de la razón del sobrenombre porque él mismo nos lo ha contado, pero preferimos llamarlo Noel. Noel Sanvicente, “el dueño de la pelota”, como se le dice a aquellos que se despiden pero que siguen afianzados en el alma de la gente. Nos vemos por ahí.

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