De súbito, nos damos cuenta de lo importante que son para nosotros los personajes que han estado cerca de nuestras vidas.
Gente a la que el tráfago de la cotidianidad hace que los tengamos y por eso los echemos de menos, pues los afectos suelen ir y venir sin que casi nos demos cuenta. Nos pasa con los amigos, con los artistas, con los futbolistas, con los jugadores de beisbol.
Con todos ellos se establecen amistades de diversa raíz, pero con el respeto como bandera de una relación en la que las bases de cemento armado suele ser la sinceridad.
Pero, ¿a qué viene toda esta reflexión, parada en la deriva de la existencia en una columna de fútbol? ¿Por qué esta mirada hacia la interioridad de nosotros, hacia los sentimientos más profundos?…
Todo este asunto apunta hacia dos amigos, dos “altos panas” como se dice en lenguaje venezolano, que van a dejar de mostrar sus voces y sus rostros en público pero que siguen siendo los entrañables de toda la vida.
Ellos han dicho adiós sin decir adiós, porque aunque se van no se irán jamás. Se van sin irse, porque no vamos a dejar que se nos vayan. Porque ¿cómo vamos a perdernos la poesía y las canciones maravillosas de Joan Manuel Serrat?, ¿y cómo vamos a dejar de oír la sabiduría beisbolística y la mesura de Humberto Acosta en los comentarios radiales?
La vida de quien escribe ha estado ligado a ellos por distintas rutas, aunque con aquellas coincidencias que, como dicen, esconden cosas más profundas.
No será fácil la cotidianidad sin Serrat y sin Humberto, aunque nos queda para siempre, y vaya privilegio, tener la riqueza de sus amistades. Porque, al final de todo serán por siempre los “altos panas” y los amigos de los amigos (“Dios y mi canto saben a quien nombro tanto”)…
Una discusión de cada día, y la que hemos evadido por un principio de vida, es quién ha sido el mejor jugador de la historia. Desde siempre hemos creído que cada uno en su tiempo y su contexto, según la época que les tocó vivir y jugar a cada uno de ellos.
Pero no es eso de lo que se trata; ahora nos referimos al mejor del momento, un tema volátil como el mercurio porque casi cada semana aparece uno más encumbrado que el otro. Entonces, aceptemos: esa sí puede ser una conversación que se puede tener, pero más como un divertimento que pretender que sea una posición inalterable.
Bueno, ajá, pero hoy no vamos a hablar de eso; lo vamos a hacer un día de estos, cualquiera, pero al final de todo solo como un punto de vista y no como una ley ni mucho menos. Nos vemos por ahí.




