La contratación de Lionel Messi con el Inter de Miami era, parafraseando a Gabriel García Márquez, “crónica de una llegada anunciada”. Ya se sabía, desde que el jugador se integrara al París Saint-Germain, que su destino marcaba al estado de Florida como epílogo de su carrera. Y al contrario de su razón para ir a Francia, lo hace para un cambio de aires, para él y la familia, porque el “american dream” es una tentación hasta para figuras del fútbol como él.
Semanas atrás había ido a Arabia Saudita para la firma de un comercial y para oír propuestas que resultaron vanas. Su verdadera intención no estaba en las montañas de dinero por la que sí alucinaron Cristiano Ronaldo y Karim Benzema; estaba, a las claras, en la conquista de un mercado y una sociedad que siempre ha sido esquiva con las cuestiones del fútbol. Entonces, familia, nuevas costumbres, todos a aprender inglés, y el nombre “Messi” en la boca de los estadounidenses…
En el Inter de Miami podría conseguir dos panoramas: puede ser, y es, que se convierta en el epicentro de todas las cosas; pero también, y esto habrá que tomarlo en cuenta, que no ha llegado al Barcelona ni al París; ahora entrará en un equipo sin nombres sonoros, y ahí tendrá de que arreglárselas. Solo el venezolano Josep Martínez estará ahí, a su lado siempre, para formar con Messi la tropa de asalto…
Anoche la Vinotinto soltaba las riendas a su segundo ciclo de preparación en ruta hacia el Suramericano Premundial. Sus adversarios, Honduras anoche y Guatemala el domingo, no forman parte de la elite del fútbol, pero como rivales de alistamiento, están bien. Juegan a la centroamericana: respeto por la pelota, incesantes movimientos y cambio de posiciones en la cancha y fragilidad en el choque, y con eso podrán calibrar el verdadero actual nivel técnico, táctico y físico de los jugadores venezolanos.
El conductor, Fernando Batista, hizo un llamado experimental, en el que algunos jugadores, casi todos de baja clasificación, no son aquellos de nombre familiar para el aficionado. Pero hay una intención: probar su nivel competitivo y su raza para enfrentar lances internacionales. Los partidos ante Colombia y Paraguay, primeros escalones de la escalera mundialista, serán el próximo septiembre, en un campeonato que se presta, cómo no, para alcanzar una clasificación inédita para Venezuela. Seis de siete selecciones irán a Canadá, Estados Unidos y México, más la posibilidad de una repesca para que el objetivo esté al alcance de la mano. Si no es esta vez, ¿entonces cuando? Nos vemos por ahí.




