Fútbol a la mexicana

Disfruten de una nueva entrega de "Camiseta 10" por Cristóbal Guerra

En su afán por transitar nuevos rumbos, en su empeño por cambiarle el rostro al fútbol venezolano, la Federación ha anunciado lo que parecía inaplazable: un nuevo formato para el campeonato, con muchos rasgos parecidos a los que se juegan en México, Colombia y Uruguay.

Ha sido un paso atrevido, pero necesario, para intentar no solo una competencia más justa y equilibrada, sino para ver si es posible que, al fin, el aficionado venezolano despierte y pueda ver que no todo es la Vinotinto, sino que también hay un torneo del que alguna vez salieron al exterior los jugadores que hoy animan la ilusión del país.

Será, pues, un cambio trascendente, provechoso, en procura de horizontes y de que la gente descreída se asome los domingos por los casi siempre desolados estadios del país, y se dé cuenta de que el fútbol nacional, más allá de la frustración y el desgano, tiene cosas para ofrecer…

Jugar en dos divisiones, Apertura y Clausura y luego un todos contra todos, impondrá a los jugadores nuevas metas, algo por lo cual luchar y clasificar a una fase con las copas suramericanas a la vista; será ese el aliciente mayor. En realidad, este método, entre decenas de cambios de competencia ensayados, ya se ha aplicado y desechado en el pasado, pero nada cuesta intentarlo otra vez.

Porque en el fondo del asunto todo va a ser para levantar el interés del público, jugadores, entrenadores, directivos y medios de comunicación en procura de un porvenir de concretas realidades. Esto tendrá su recompensa si la Vinotinto llega hasta el cielo dorado del Mundial, aunque con el peligro inminente que de no cumplirse este milagro, todo, infelizmente, podrá derrumbarse como un castillo de arena al primer soplo de los vientos del sur.

Bueno, todo está por darse, por cumplirse, aunque siempre con la mejor disposición de golear una historia que no ha sido lo suficiente complaciente con el fútbol venezolano y que espera, no obstante sus caídas, mejores días…

Más allá de fiestas y celebraciones, de bambalinas y matracas, Navidad es tiempo para mirar atrás y luego otear el porvenir. ¿Quiénes somos, para dónde vamos, cuál es la verdadera razón de nuestra existencia? Son días de reflexión en estos años, perdidos entre el tumulto de música estridente y reguetón a todo volumen.

Aun así, siempre habrá mañana, siempre habrá un deseo fervientemente amoroso y de cristiandad porque la vida tienen esos detalles de redención. Que la Navidad sean días de felicidad, de hermosos deseos y un eterno volver a empezar. Dios nos bendice.

Nos vemos por ahí.

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