No hablemos de Brasil o Argentina. No tiene sentido establecer comparaciones con monstruos de las canchas y de los graderíos. Multitudes incontables van a los partidos impulsadas por un arraigo ancestral que ya pasa de un siglo de antigüedad. Se es de Flamengo o Palmeiras, de Boca Juniors o River Plate desde el nacimiento, como se habláramos del agua bautismal de cada brasileño o argentino. Y aunque siguiéramos partidos de equipos menores o de baja clasificación, ahí veremos “correr por sus venas”, por utilizar un dicho de sentido figurado del fútbol, la sangre entre la gente. Entonces, hablemos de otras realidades. Colombia no explota en aficiones como las del Amazonas o del Plata, pero sí, en partido llamados clásicos o de cierta importancia, va, respalda, apuntala a sus divisas enfebrecidas y con autentico fervor…
Entonces, saltemos. No Brasil, no Argentina, no Colombia. En el resto de países suramericanos la merma de asistencia en algunos países a los partidos es hoy día muy evidente. Hemos seguido las acciones en Uruguay, Perú, Bolivia con pocos cientos de aficionados metiendo el alma por sus equipos; hay como un desencanto, una baja temperatura que guarda relación con sus apagadas actuaciones en épocas recientes en el contexto internacional. Solo se salvan de esta debacle Ecuador y Paraguay, y es por la misma razón: van a mundiales y en el caso guaraní, con iluminada actuación. Hemos dejado a Venezuela para el final, y es por sus características. Ver poca gente en los graderíos es ya una mirada extendida y preocupante desde hace algunos años, aunque con alguna excepción: el Táchira-Caracas de hace algunas semanas fue, para decirlo en términos de beisbol, el “Caracas-Magallanes” del fútbol nacional, con más de veinte mil personas en el estadio Pueblo Nuevo de San Cristóbal. Entonces, ¿Dónde está la gente? Pues en la capital del estado andino, carajo…
Insertado en la cultura popular (aunque Mario Vargas Llosa afirmaba que la única cultura que existe es la cultura misma), el fútbol es parte de la actividad cotidiana en América del Sur. Por esa razón es que ahora se evidencia cansancio en la gente, aquella pérdida de creencia en sus equipos. No obstante, la fe no toma vacaciones y vuelve por lo suyo. El caso de Venezuela es el mejor ejemplo: sin mundiales, sin victorias de trascendencia, sin clasificaciones en las copas Libertadores y Suramericana y sin público en los estadios, allá abajo, en el fondo de los fondos, mujeres y hombres del territorio venezolano se sigue a la espera de la redención futbolera con el Mundial de2030.
Nos vemos por ahí.




