El desarrollo del fútbol femenino en Venezuela exhibe un proceso vertiginoso de crecimiento, que en muy poco tiempo ha obtenido en competencias de selecciones nacionales los resultados que se le reclaman al masculino. Todo surgió de la insistencia del exdirectivo de la Federación Venezolana de Fútbol, Laureano González, quien con todo en contra en la máxima entidad deportiva, impulsó la participación de la Vinotinto femenina en las competencias de Conmebol, convencido como estaba entonces de que Venezuela podía acortar rápidamente la brecha competitiva que la separaba del resto de las naciones de esta parte del continente.
La idea de que con un proceso de captación de talentos silvestres en todo el país, inversión para pulir a las jugadores con entrenadores dedicados al fútbol femenino en los clubes de primera división y el respaldo institucional de la FVF, las selecciones de las categorías menores podían equipararse y vencer a las demás escuadras nacionales de la región, con la excepción de la potencia mundial brasileña, parecía algo descabellada; otro de los tantos proyectos rimbombantes, levantado sobre castillos de naipes de la entidad futbolística nacional.
Pero la clasificación al Mundial de Trinidad y Tobago sub-17 de 2010, comandada por esa primera generación exitosa formada por Ysaura Viso, Joemar Guarecuco y Marialba Zambrano confirmó que el fútbol femenino no era una mera ilusión. Tenía sustento, y la aparición de Deyna Castellano con su descomunal capacidad técnica para driblar, quitarse rivales y anotar goles de altísima factura, que la convirtió en un pestañear de ojos en una de las mejores futbolistas del planeta en la categoría sub-17, añadió el fuego necesario para encender las antorchas del fútbol femenino en toda Venezuela. Miles de niñas en todo el país tomaron a Deyna y sus hazañas en el terreno, conduciendo a Venezuela a un subcampeonato de Juegos Olímpicos de la Juventud y a dos cuartos lugares mundialistas en Costa Rica 2014 y Jordania 2016, como un modelo a seguir en el deporte.
No es de extrañar, en consecuencia, que de nuevo el fútbol femenino venezolano figure entre las 24 mejores selecciones en el Mundial de Maruecos sub-17, donde una nueva generación de brillantes jugadoras tiene el reto de igualar o superar lo ya conseguido por sus predecesoras. Nacientes figuras como Andrea Suárez, autora del fantástico gol para asegurar 1-0 ante Colombia la clasificación al Mundial, María Briceño, Abril Alejo y la portera Valeria Rabanales son parte de este desarrollo del fútbol femenino, cuya selección absoluta acaricia el sueño de jugar en Brasil 2027.




