La gira por Asia despertó rivalidades.
Así se pensó en un momento que pareció definitivo, cuando Oswaldo Vizcarrondo, como director técnico, no tomó en cuenta a Salomón Rondón en favor de otros jóvenes jugadores para integrar la selección Vinotinto. Entre ellos, y como bandera, Gleiker Mendoza.
Se sintió aquello de varias maneras. Podía ser un experimento a ver qué pasaba con los recién llamados al equipo, su comportamiento en el compromiso internacional, pero también como una afrenta para el jugador-símbolo del fútbol venezolano en los años recientes.
No se sabe qué pasaría por su cabeza. A sus treinta y siete años de edad, Rondón sabe que ya tiene alguna limitación en la velocidad, pero sigue siendo aquel tanque de guerra que va al frente a chocar con los zagueros más avezados y mañosos del fútbol de cualquier parte. Es centro delantero, cabeza de los goleadores en el fútbol mexicano desde las trincheras del Pachuca, y no cesa en su insistencia por conseguir espacio en el territorio enemigo. Además, y eso es algo a lo que él no renuncia, seguir siendo fundamento del escuadrón nacional.
Mendoza es diferente, aunque al final sea para lo mismo. Juega más aferrado a la punta izquierda, pero busca el arco por caminos y atajos que le hacen más corto el trayecto. Sabe de su responsabilidad, tiene la certeza de que su llamado ha sido el detonante de una discusión y, a la vez, de una preocupación.
Tiene veinticuatro años de edad, es ágil como una fiera de la selva y cuenta con un físico que le permite, no obstante ser corpulento, también ser habilidoso. Es tomado en cuenta y ahora parece insustituible en las convocatorias Vinotinto; seguramente será todo un rompecabezas para la dirección del grupo armar la alineación con Mendoza como nombre seguro.
Juega en Ucrania, en el Shakhtar Donetsk, y anda como goleador ocasional y jugador importante en aquel país de remota geografía. Marcó un gol al PSV Eindhoven en la Champions League, y tal episodio le hizo subir sus enteros en el contexto europeo.
De fútbol a fútbol, entre Salomón y Gleiker no hay ventajas. Cada uno juega con su verdad y sus características, aunque Rondón concede el handicap, como dirían los hípicos, de su edad. No obstante, conoce y con éxito, después de tantos años en España, Rusia e Inglaterra, el fútbol del continente de aquel lado del mar, un recorrido que a Mendoza aún le falta recorrer.
La afición venezolana, apegada firmemente a sus futbolistas, quisiera que más allá de rivalidades y enconos, Salomón Rondón y Gleiker Mendoza jugaran uno al lado del otro en la selección Vinotinto. Sería todo un suceso verlos a los dos pasarse el balón, dialogar en algunos pasajes del partido, y reventar con sus goles los arcos adversarios y darle a Venezuela el botín de guerra anhelado por años: llegar al ansiado Mundial.
EN TIPS
Brasileños. Enfrentar a Pelé y Tostao no era una competencia de juego, sino un privilegio. Eran en aquellos años los soles incandescentes del fútbol universal.
Uruguayos. Enzo Francescoli y Fernando Morena eran ídolos de la República Oriental. Varias veces le correspondió a Venezuela toparse con ellos en una cancha.
Colombianos. Los días de Carlos “Pibe” Valderrama son recordados allá con cariño. Formó una dupla de alto lujo con Freddy Rincón como favoritos en el Mundial1994
Paraguayos. Julio César Romero, “Romerito”, y Roberto Cabañas, abrieron surcos al fútbol en América, y hasta clasificaron a su selección al Mundial de EE UU.
Chilenos. Carlos Caszely y David Pizarro sonaron como los grandes futbolistas del país austral. La siguiente generación continuó exitosa con Alexis Sánchez.
Tiempos pasados
Lo de dos delanteros venezolanos en la misma época no es una novedad. Ya ha pasado, y ahora vale la pena recordar los días de Daniel “Cari-Cari” Noriega, considerado indiscutible en la selección nacional. De súbito y desde las trincheras merideñas apareció Ruberth Morán, aquel eficiente y huidizo que tuvo la osadía de marcarle dos goles a Brasil en un partido jugado en Maracaibo. Yendo atrás, ahora nos viene la memoria Rafael Naranjo, aquel muchacho veloz como el viento que fue alineado titular en el primer lance ante los brasileños. Luego llegaría Argenis Tortolero, autor del primer gol venezolano en un Premundial, entonces ante Uruguay. Emergió también en aquellos años Rodolfo Carvajal, artífice en goles de cabeza, en un tiempo que era toda una rareza la insurgencia de atacantes formados en las divisiones menores. Por entonces casi todos se dedicaban a formarse en las tareas defensivas, especialmente laterales. Ya hoy se atreven más, y por ello han proliferado los hombres del frente.




