Tripleplay | ¿Está sobrevalorado el pitcher cerrador?

La columna anterior, dedicada a la Regla del Juego Salvado, nos colocó una vez más frente a interrogantes inherentes al rescate. Interrogantes que tienen que ver con la acción en sí misma. Especialmente entre periodistas y comentaristas.

¿Es el cerrador, merecedor de un reconocimiento como el exhibir una placa con su nombre en el Salón de la Fama? Que el panameño Mariano Rivera, el lanzador con más salvados en la historia de las grandes ligas, haya sido elegido al templo con el 100 % de los votos, un hecho inédito e irrepetible hasta los momentos, la da un sin sentido a la interrogante.

Sin embargo, el prejuicio aún subsiste. Está íntimamente ligado a la brevedad del apagafuego. Labor que por lo general se limita a una entrada y es comparada con el esfuerzo de los lanzadores abridores, que en promedio permanecen sobre la lomita siete u ocho innings.

En Cooperstown hay junto con Rivera otros ocho relevistas que podríamos calificar de “genuinos”: Trevor Hoffman, Lee Smith, Dennis Eckersley, Rollie Fingers, Rich Gossage, Bruce Sutter, Hoyt Wilhelm y John Smoltz. De ellos, solo Eckersley y Smoltz, como Rivera llegaron en su primera oportunidad y ambos con un trayecto que incluyó períodos prolongados como abridores.

El caso de Smith es emblemático para resaltar el prejuicio. Cuando se retiró en 1978, sus 478 salvados eran la mayor cantidad de todos los tiempos. Más aún, era la única cifra por encima de los cuatrocientos rescates.

No obstante, no fue elegido sino hasta 2019 y por el Comité de Veteranos después de quince intentos a través de los votos de los periodistas. No vamos a restarle importancia y méritos a la elección del Comité de Veteranos, pero por qué esperar tanto tiempo para inmortalizarlo. En sus dieciocho campañas, que aparte le dan un estimable promedio de rescates por año, Smith fue cuatro veces líder de la liga, en cuatro superó los 40 salvados y en once los treinta.

Paradójicamente, desde finales del siglo XX y lo que va de XXI, el papel del apagafuego ha adquirido una significativa importancia en la estrategia del juego. Sobre todo si tomamos como referencia los contratos que devengan muchos cerradores.

En promedio tan abundantes como los de los abridores. Cada día que pasa la labor del pitcher abridor se restringe más. Hay managers que ya no les tiembla el pulso para reemplazarlo en el sexto o séptimo tramo.

Si la Regla del Juego Salvados es oficial, cómo no darle reconocimiento a quienes cumplen con esa labor. No nos extrañe que en cualquier momento también haya un reconocimiento para los relevistas intermedios. Ellos también protegen ventajas.

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