La expresión nos encanta. Por su versatilidad. Da para todo, y el beisbol no es una excepción. Sí, es un gastado lugar común, pero cuánta verdad envuelve en sí mismo: “La primera, siempre será la primera vez”. No hay manera de arrebatarle su encanto. Veamos a Sandy Koufax. Completó cuatro juegos sin hits ni carreras en las grandes ligas. Incluso, uno de ellos fue un juego perfecto, y solo lo supera con siete sin hits, Nolan Ryan.
Sin embargo, quizás en este momento, Koufax esté donde esté, rememora lo sucedido un día como hoy de 1962 en Los Ángeles, cuando elaboró la primera de sus cuatro joyas. Y conste que en términos numéricos no fue la más notable de todas. Pero fue la primera.
Esa noche del 30 de junio de 1962, Koufax ascendió a la lomita de los Dodgers para enfrentar a los Mets de Nueva York. A simple vista era una confrontación desigual. De un lado, uno de los pitchers más dominantes en lo que iba de campaña. Koufax tenía un lustroso récord de 10 ganados y 4 perdidos, acompañado del liderato en ponches de la Nacional con 170 abanicados. Enfrente, el equipo con el peor registro en lo que iba de campaña en todas las grandes ligas. Nueva York apenas sumaba 20 triunfos y 52 derrotas. Con un agravante, los Mets eran con los Colts 45, uno de los conjuntos debutantes en las mayores. Apreciado desde ambas perspectivas, nada debe extrañar lo ocurrido. No podía ser de otra manera.
En el primer inning, Koufax estuvo perfecto. O mejor dicho, exactamente perfecto. Para Richie Ashburn, Rod Kahnel y Félix Mantilla hizo nueve lanzamientos. Nueve strikes, Ni un solo foul. Tres outs. Tres ponches. Pocas de las 29 mil almas que se hallaban en el estadio Dodger, no debieron imaginar que algo especial estaba por acontecer. Solo que Koufax no es perfecto como lució en esa primera entrada. Es un simple mortal.
En el cierre de ese capítulo, los Dodgers le ofrecieron cuatro rayitas con dos outs en la pizarra, remolcadas por imparables de Tommy Davis, Frank Howard y John Roseboro, para expulsar al abridor de los Mets, Bob Miller. En los siguientes ocho episodios, Koufax anestesió a otros diez bateadores, pero asimismo regaló cinco boletos, tres al primer bateador del inning. Quizá presionado por lo que sucedía.
Howard le obsequió una quinta anotación en el séptimo, y terminó su obra sin abanicar a nadie en el noveno. Entre las víctimas de Koufax hubo un venezolano, Elio Chacón, el campocorto de los Mets. Chacón absorbió tres ponches y consiguió un pasaporte. Apenas cinco de los 27 outs se materializaron en los jardines. El primero siempre será el primero.




