Sufrió de principio a fin. Desde aquella primera derrota en casa 0-3 ante el Deportivo Lara en el comienzo del torneo Clausura hasta la coronación ayer al empatar 1-1 y luego vencer (4-2) por penales a Estudiantes de Mérida en un abarrotado estadio Olímpico, el Caracas atravesó un calvario de dificultades para alcanzar el título número 12 de su exitosa trayectoria en el fútbol nacional.
Padeció por la falta de fichajes de renombre en el ataque, que le costó el divorcio con su parcialidad más fiel: los Demonios Rojos. La imagen de los once conos en las gradas de la derecha fue un mensaje que dolió a Noel Sanvicente y los jugadores, pero respondieron al agravio con heroicidad. Caracas también la pasó duro por las lesiones, las amonestaciones y la escasa profundidad de una banca que se llevó de juveniles formados en las canteras, quienes debieron curtirse bajo el fuego cruzado.
Tras la alegría de vencer a Táchira en la final del Clausura faltaba completar el círculo exitoso ante Estudiantes, un rival que se creció en el Olímpico. El gol de Jesús “Chiqui” Meza al aprovechar una falla de la defensa de los rojos para despejar un balón en el área grande dio alas a los sueños estudiantiles de conseguir su tercera estrella. Hasta que Sanvicente volvió a echar mano de sus chamos. Colocó a Cassiani y a Espinoza para abrir por los costados y dio rienda suelta a Flores para sumarse al ataque total que lanzó contra la muralla levantada por los andinos. Después de una lluvia de centros, Flores metió un disparo al área que rozó Espinoza y Arrieta aprovechó para picarla anta la salida desesperada de Araque.
El empate obligó a ir a los penales, donde la fama del golero Araque de especialista en estas definiciones helaba a la afición Roja. Pero Celis, Saggiomo y Echeverría anotaron sus disparos mientras que Linares la mandó al cielo. Espinoza falló en suyo, Hernández y Díaz anotaron. Araque tomó el último disparo que detuvo Baroja para acabar con tanto sufrimiento




