Comentar las debacles del fútbol venezolano es una costumbre de toda la vida, porque saltando por encima de pequeñas gestas ha habido poco para reseñar, pocas conquistas para resaltar. No obstante, lo que pasó el jueves pasado merece un comentario aparte, y hasta un estudio que tenga que ver con lo sociológico. Esa noche La Guaira fue goleada 6 a 2 por Atlético Mineiro, un resultado que, por lo esperado, no debe alarmar. Donde ahora queremos poner el acento es lo sucedido con el Táchira, porque tal como estaban las cosas en la tabla del grupo y su posibilidad de traspasar a la segunda ronda, era para el Olimpia un verdadero milagro sacar a los andinos de la clasificación. El Táchira tendría que perder por cuatro goles de diferencia ante un equipo mediano, que a trancas y barrancas había llegado al partido rogándole a todos los santos el favor de vencer por ese inaudito marcador…
Pero pasó. Desconcertado, abrumado por la responsabilidad, sin saber qué hacer ante el adversario paraguayo y creído que ante el average de goles los guaraníes iban a chocar con la realidad, los tachirenses asumieron el partido como un condenado ante el paredón, como Robespierre bajo la guillotina. Y entonces, como un huracán, como un volcán en constante erupción se le vino el mundo encima. Seis a dos, justo lo que requería el Olimpia para batir las ilusiones venezolanas y para que el cataclismo decretara, como dijimos en el párrafo anterior, que el desastre nacional en la Copa Libertadores fuese un hábito, una manera de comportarse, un caminar y seguir andando por una calle que no conduce a ningún lugar. Diez pelotas en las redes, diez goles encajados; uno, cien, mil fracasos en un fútbol perdido en la selva de las derrotas de nunca acabar, el estar donde siempre y un paso atrás. Sabemos que cada año nacen, como los árboles pródigos que dan frutos, esperanzas por el fútbol venezolano, pero sabemos, también, que al parecer no se hace nada que cambie el rumbo de tanta vaina junta, un palo y palo que va desvaneciendo de a poco el alma futbolera de un país en pleno desencanto…
Aclaratoria: en columna pasada hablamos de los logros del Táchira en cuanto a la Copa Libertadores y recordamos sus conquistas en el torneo del 87, y también su clasificación a segunda fase en el 2004. El compañero Tomás Muñoz, siempre pendiente del fútbol venezolano, nos hizo caer en cuenta del olvido cuando nos recordó que en el 2016 los tachirenses consiguieron su pase a octavos de finales, instancia en la que fueron eliminados por el mexicano Pumas. Vale la aclaratoria, y el agradecimiento al compinche. Nos vemos por ahí.




