Primero en la historia

Disfruta de una nueva entrega de "Tripleplay" por Humberto Acosta

El primero de junio de 2012, a Johan Santana las cosas no le habían salido todo lo bien que desea un pitcher de grandes ligas. Sobre todo, a un lanzador de su prestigio. En Nueva York recibía la visita de los Cardenales de San Luis, con marca de 2 ganados y 2 perdidos en sus diez aperturas en lo que iba de temporadas. Señal de un inesperado desenlace. Bueno, era lo que muchos sospechaban del zurdo ganador de dos premios “Cy Young” en la Liga Americana, en 2004 y 2006, con los Mellizos de Minnesota.

Luego de retirar a los cuatro primeros bateadores del San Luis en el encuentro, con out, Santana dio pasaportes consecutivos para David Freese y el boricua Yadier Molina. Pero enseguida ponchó a Matt Adams y a Tyler Greene para cerrar el episodio. El cuarto inning lo abrió con transferencia a Matt Holliday, pero eliminó a los siguientes tres bateadores sin que Holliday pudiese avanzar a la intermedia, mientras los Mets le daban dos carreras impulsadas por un sacrificio de Lucas Duda y un triple de Daniel Murphy en ese mismo acto.

Mientras Duda y Murphy se combinaban cinco carreras más para que los Mets se alejaran 8 a 0,  Santana se las arreglaba para sobrevivir a un inusual descontrol. Aún así, pudo retirar cuatro capítulos por la vía rápida, ningún corredor consiguió llegar a la tercera almohadilla y solo uno pudo alcanzar la segunda base.

Al comenzarla la parte alta del noveno capítulo, con esa ventaja de 8 a 0, los 27 mil aficionados que esa noche poblaban el estadio City Field, ya se habían olvidado de sus Mets para solo ver y pensar en Santana. Holliday abrió con una línea que atrapó el boricua Andrés Torres en el jardín central, Allen Craig dio un globo hacia el bosque izquierdo para el segundo out y David Freese se ponchó para el tercer out, mientras el cátcher Josh Thole fue a correr a los brazos de Santana por que acababa de ocurrir un suceso trascendental. Por primera vez en la historia de sesenta años del equipo, un pitcher de los Mets completaba un juego sin hits ni carreras.

Camino a su hazaña, Santana repartió ocho ponches y otorgó cinco pasaportes para colocar su registro en ese momento de ganados y perdidos en 3 y 2. Entretanto su promedio de efectividad bajaba a 2.38, el más reducido que tuvo en la campaña. Las sospechas a su alrededor se confirmaron durante el resto de la temporada. Por molestias insalvables en su brazo, solo hizo diez aperturas más para ganar tres desafíos y perder siete, que dejaron su récord en 6 y 9, el más bajo de su carrera en las últimas diez campañas. También fue la última para el pitcher de 33 años, desde su estreno es las grandes ligas en el año 2000.

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