Este artículo, marcadamente diferente en el título y en el texto original, se publicó en este medio cuando Gilberto Mendoza padre (Barquisimeto, Lara, 30 de marzo 1943–Caracas DC, 11 de marzo de 2016) cumplió un año más de haber desaparecido físicamente, pero cuyo recuerdo permanece en la memoria de sus amigos y muy en especial entre las decenas de boxeadores a quienes siempre tendió su mano protectora, de camaradería, de solidaridad y a muchos de los cuales ayudó a acceder y en varios casos a conquistar títulos universales.
Mendoza ha sido uno de los pocos dirigentes venezolanos que ha trascendido las fronteras locales, tal lo hicieran antes personajes de la talla de Julio Bustamante, José Beracasa y doña Flor Isava Fonseca, por citar a solo tres personajes que llegaron a ocupar posiciones relevantes en el ámbito internacional del olimpismo.
Este ejemplar dirigente dedicó más de la mitad de su vida al deporte, una pasión nacida en su infancia (jugó fútbol y también practicó el boxeo como aficionado, en la adolescencia), que alternó con su actividad profesional como ingeniero industriólogo en rol de alto ejecutivo de una las empresas más importantes en el sector azucarero nacional.
Elegido presidente de la Asociación Mundial de Boxeo en octubre de 1982 en San Juan de Puerto Rico en un reñido comicio, se mantuvo al frente de la AMB (WBA por sus siglas en inglés, hasta diciembre de 2015, es decir 33 años), cuando una enfermedad que al fin lo venció le obligó a renunciar al cargo luego de una ingente labor en la que desarrolló una gama de exitosas iniciativas como por ejemplo la elaboración del Manual de Clasificaciones de los boxeadores; la creación de varias entidades regionales en el plano continental, al igual que la campaña KO a las Drogas, para citar solo un par de sus tareas, entre muchas más que resultaría prolijo enumerar, un legado que atesora la organización que está ahora bajo la dirección de su hijo Gilberto Jesús Mendoza, quien ocupará el cargo hasta 2025, por lo menos.
Muchas años antes de su desaparición física, GM creo y popularizó un slogan que sirvió de norte y brújula orientadora a la entidad que presidió, y que a la sazón reza: ”Podemos hacerlo. Vamos a hacerlo. Hagámoslo juntos.” En homenaje a quien tanto aportó para bien del boxeo en el campo aficionado y en especial el profesional, este sábado se montará el VI Festival “Gilberto Mendoza”, que se realiza cada año, desde su partida, con intervención de boxeadores aficionados de Miranda, Carabobo, Guárico y Aragua, que comenzará a las 12:00 del mediodía, luego de una misa en la misma instalación, en el Centro Recreacional Yesterday de Turmero en los valles aragüeños..
EL BOXEO Y EL CINE
Hace ya algunos años nos preguntábamos porqué aquellas personas que conceptúan al boxeo como una práctica brutal y primitiva asistir a una sala, se solazan y hasta gritan de emoción cuando ven en la pantalla una pelea “de mentiritas” , si bien no les sucede igual al presenciar, por ejemplo, por documentales o films completos acerca del tema.
El escritor hispano Pablo Mérida, autor de “El boxeo en el cine 1894-1994” ofrece una simple respuesta a la interrogante, aunque pudiera haber varias: sencillamente, dice, porque saben que lo que ven en el cine es una contienda falsa, algo del mundo irreal, de la fantasía.
Es menester reiterar, a propósito lo dicho en otras ocasiones, esto es que el boxeo es la disciplina deportiva con más abundante participación en la pantalla grande, casi desde el mismo nacimiento del denominado Séptimo Arte, creación de los hermanos Lumiére a fines del siglo XIX.
Recuenta Mérida que desde cuando Thomas Alva Edison, inventor del kinetoscopio y el kinetógrafo (entre otras muchas genialidades, tales la bombilla incandescente y el fonógrafo, por ejemplo entre ellas), se alió al también científico William K.L. Dickson, para entre los dos formar el el embrión de lo que con el tiempo sería el cine de boxeo y lo que a posteriori daría lugar a la
primera cinta sobre dicho deporte, The Leonard-Cushing Fight, cuya rudimentaria filmación comenzó el 15 de junio de 1894 y se exhibió meses después en un local de la calle 83 de New York. “Ninguno de los participantes en el rodaje, ni ningún periódico, dio una versión clara de cómo finalizó la velada…El boxeo en el cine ya era una realidad”.
De entonces hasta el presente son cientos, mejor miles, los combates verdaderos y los de ficción que han sido presentados en el cine, con Muhammad Ali, como el personaje de la vida real que en mayor número de ocasiones ha sido el protagonista en documentales tales como “Cuando éramos reyes”, un relato de las 6 semanas que antecedieron al combate Ali-Foreman, ganado por el primero en ocho rounds, del 3 de octubre de 1974 en Zaire, proyectado en 1996 (hoy República Democrática del Congo); “Ali, el más grande”, “Facing Ali” y “Yo soy Ali” (2014), además de la muy conocida “Ali”, de 2002, largometraje en el que el actor Will Smith ganó el premio MTV Movie como Mejor Actor masculino por su personificación del más famoso boxeador de la historia y para miles el mejor que ha tenido el rudo deporte.




