lunes, junio 27, 2022
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Tripleplay | Al fin llegó el día

Finalmente la Asociación de Escritores de Beisbol de Estados Unidos, emitirá este martes el veredicto oficial de la elección al Salón de la Fama de las Grandes Ligas correspondiente a 2022. Lo de “finalmente” no es solo una expresión informativa.

Estaba pensando que a esta hora podremos tomarnos un descanso. Me refiero a los periodistas electores, a los periodistas que nos correspondió seguir las incidencias a través de los diferentes medios informativos de todos los rincones del continente, y cómo no, a los aficionados que desde sus diferentes posiciones y puntos de vista, observamos las incidencias y pormenores del evento que culminará con la exaltación, de los elegidos o no, al templo de Cooperstown a mediados de año.

Me preguntaba, si desde que el templo abrió por primera vez sus puertas en 1936 para dar cabida al jonronero Babe Ruth, al toletero Ty Cobb, al campocorto Honus Wagner y a los lanzadores Walter Johnson y Christy Mathewson, se había presenciado una disputa tan enconada entre los aspirantes en busca de un lugar en el santuario.

Y no me refiero por su calidad y los números impuestos durante su trayecto en la gran carpa. Si no paradójicamente, por una serie de factores más allá del terreno de juego que pusieron en duda sus méritos. Por ejemplo, el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento en el campo, conductas inapropiadas en su vida personal, violación de las leyes, falsos testimonios en los tribunales de justicia, maltrato físico y mental a sus semejantes. Ni hablar de la puesta en duda de su verdadero talento.

No podemos afirmar, ni ayer, ni hoy, ni mañana, que los peloteros de las grandes ligas hayan sido y son seres perfectos. Ni de ellos ni de nadie. Lejos estamos de creencia más absurda. Pero no cabe duda, que todo parte de los tiempos que vivimos, influidos por el desarrollo tecnológico que vive la humanidad. No solo en el ámbito de los deportes como todos sabemos.

Asimismo me pregunto, si todo ha sido para bien o para mal. ¿Por qué no, los deportes y el beisbol en particular, no consiguieron escapar de esa condición mercantil, netamente economicista? Que ha dejado a un lado lo lúdico y divertido que envuelve al juego desde sus orígenes.

Realmente, no tiene sentido en este avanzado siglo XXI, detenernos a pensar en ello. No faltará quien nos califique de estar bajo los efectos de un toque de locura, y en el mejor de los casos, rían a nuestra espalda. Sí, no tenemos otra alternativa. Si acaso, olvidarnos para siempre del beisbol de las ligas mayores. Pero sería pedirnos demasiado.

Un sacrificio muy elevado para quienes como nosotros, lo que sucede en la gran carpa, marcó y marcará para siempre la existencia. Y es que no podemos quejarnos. Qué haríamos sin el recuerdo de Sandy Koufax y Roberto Clemente y el resto de sus colegas de hazañas, que son los más.

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