martes, diciembre 6, 2022
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Juan Vené vino cuchillo con su autobiografía

Son 532 páginas que no tienen desperdicio y donde la autocrítica también es válida

“En el periodismo han surgido nuevas posibilidades para ejercer la profesión, posibilidades y equipos, muy superiores cada vez… Pero en el corazón, en el centro de la labor, la profesión es la misma: obtener una noticia, investigarla y transmitirla… Contar a la gente lo que la gente le interesa conocer”, señaló Juan Vené tajante en su reciente y polémica autobiografía.

Y es que el libro “Juan Vené, 93 años de edad, 75 años de periodismo, 62 años dedicados al beisbol” muestra a un hombre que no tiene pelos en la lengua para decir lo que piensa, inclusive contra él mismo. Son 532 páginas donde cuenta desde su infancia hasta sus encontronazos contra los que denomina “culopicosos”.

De ahí que José Rafael Machado Yanes, mejor conocido como Juan Vené, no dudó al escribir: “Ahora, eso sí, he sido como el cuero seco: si me pisan por un lado, me levanto por el otro”.

Como en sus tiempos de novillero, no deja ejemplar vivo (por cierto, fueron 98, pero también recibió dos fuertes cornadas), ni tema sin tocar.

Unas veces esboza recuerdos de forma irónica, pero casi siempre es directo en sus remembranzas. En estas confesiones de Vené no hay grises: o es blanco o es negro.

Podemos apreciar pasajes de cuando fue artista, haciendo inclusive un personaje en Radio Rochela, ya siendo periodista. Se puede averiguar  porqué surgió el nombre de batalla Juan Vené. Sus comienzos como reportero de espectáculos, conversando con Olga Guillot, Cantinflas, Libertad Lamarque, Pablo Neruda, Zoe Ducós, Alfredo Sadel y otros no menos famosos.

También cubriendo sucesos y política, en especial desde el Palacio de Miraflores, al entrevistar varias veces a Pérez Jiménez y Betancourt.

En variados trabajos especiales logró hablar dos veces con Fidel Castro (la segunda cuando la Revolución Cubana tomó el poder en 1959).

Bueno y por supuesto que no citaremos sus entrevistados en el beisbol, que desde sus comienzos y, luego desde la Serie Mundial de 1960, son miles entre gandeligas, ejecutivos, mánagers, coachs y cuanta persona estuviera inmersso en este mundo.

Es innegable que el beisbol abarca más de la mitad de este trabajo, salpicado con varias de sus más leídas y pedidas columnas, pero no en un pegar para rellenar, sino para que los amantes de este deporte no se divorcien nunca del mismo.

Siempre recalca que vivió una infancia llena de necesidades en la zona caraqueña de Sarría, debido a una grave enfermedad de su padre, donde la figura materna se puso los pantalones y echó pa’lante a la familia, que incluye a seis hermanas más. 

Señala sin atisbos de ocultar algo, como fueron sus tiempos de zagaletón o realengo (“por eso estuve en más escuelas primarias que en un autobús de ruta escolar”), hasta que lo internaron en un colegio, donde la mano de Dios, mejor dicho, de los sacerdotes benedictinos, lo encauzaron por una vereda de superación.

Quien lea este contundente relato de vida, no espere leer una historia cronológica, sino cual “Rayuela” de Julio Cortazar (un libro experimental que se puede leer en cualquier capítulo, sin que se pierda interés en su lectura), sus recuerdos pueden comenzar en el presente, saltar a la adolescencia, comentar sobre lo que debe ser el verdadero periodismo, descargar en ciertos capítulos situaciones suscitadas en tal época, ratificar su posición ante populares personajes, retornar a la infancia y continuar ese zig-zag hasta la última línea de sus confesiones. 

Y lo más cumbre, es que dichos saltos en el tiempo no le quita fuerza a esta amena lectura, sino que despierta más curiosidad en devorarse las páginas para ver en cuál nos soltará otra grata o no sorpresa.

También es importante lo que señala y  demuestra en lo escrito, que para él “ningún tiempo pasado fue mejor. Tampoco es mejor el presente. Cada tiempo tiene mucho de bueno y algo de no tan bueno”.

Prueba de ello es que relata sus vivencias en la radio, televisión, el diarismo y hasta las redes sociales que “mientras mejor las usemos, mientras más responsablemente pongamos nuestros mensajes, los beneficios para toda la humanidad, incluso tú y yo, serán más notables”.

De hecho, en varios capítulos explica cómo debe ser un verdadero periodista,  que debe desarrollar “la excelencia y el profesionalismo”, antes que todo.

No es desagradecido y reconoce a quienes lo apoyaron. Uno de ellos es Miguel Ángel Capriles: “Fue mi tutor, mi hermano mayor, mi padrino, mi mecenas, más que el propietario de los diarios donde he escrito durante 75 años (hoy Grupo Últimas Noticias)”.

Eso sí, siempre recalca varias premisas en este ameno relato, entre las que destacan la superación, el estudio continuo y trabajar con amor en lo se hace.

Pero toda esta perorata se queda corta ante lo que Vené cuenta, siempre con esa escritura precisa pero siempre amena, apta para todo público.

Un libro con variedad de envíos

Y esta vez el libro tiene su onomástico completo con seis bien nutridas páginas.  Tiene en general una buena selección de fotos con un punto grande en la letra que permite una lectura cómoda, tanto en un carrito o metro como en una poltrona. Utiliza varias de sus más recordadas columnas, unas para que el lector comprenda la historia verdadera de este popular deporte. Otras para mostrar que el beisbol no escapa muchas veces de la vida misma, como la de los presos que jugaban para poder seguir vivos; los grandeligas que intercambiaron esposas y el porqué no votará por Vizquel para Cooperstown, entre otras.

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