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Triple Play | La pesadilla de David Cone

David Cone ya no hallaba en qué creer mientras ascendía la lomita como abridor de los Yanquis para enfrentar a los Atléticos de Oakland, aquella tarde del 10 de agosto de 2000. ¿Será solo la naturaleza del juego, su invariable dinámica? ¿O será que nuestra ofensiva no ha respondido? ¿O estaré perdiendo condiciones y no me he dado cuenta? ¿La recta ha perdido velocidad y queda en el medio del plato? ¿O acaso, es cierto lo del cuento de la mala suerte? ¿Pero si hace poco más de un año lancé un juego perfecto? ¿Qué me estará pasando, serán mis 37 años?

Las cavilaciones de Cone terminaron una vez que inició su calentamiento, pero tenían una poderosa razón: había perdido ocho juegos consecutivos en medios de sus últimas quince aperturas. No ganaba un desafío desde el 28 de abril cuando le colgó siete ceros a los Azulejos de Toronto camino a un blanqueo 6 a 0. Una de esas demostraciones que no arrojan la menor duda de talento.

En la racha adversa había un denominador común, el jonrón. Ciertamente, por la característica de sus recursos, Cone era uno de esos lanzadores que viven del control. Solo que a veces, ese control es excesivo y suele expresarse con una buena cantidad de vuelacercas. En el perfecto del 18 de julio de 1999 ante los Expos, nueve de los 27 outs se produjeron en los jardines, y en medio de la seguidilla adversa que lo afectaba en ese instante, había recibido 20 cuadrangulares. Con un vergonzante tope de cuatro el 4 de agosto ante los Orioles. Sería la máxima cantidad recibida en un solo encuentro en su carrera de diecisiete años en las mayores. Con toda esa perturbación, se dispuso a medir fuerzas con unos Atléticos que ocupaban la segunda casilla en el Oeste de la Americana, entretanto los Yanquis se encontraban en la cima del Este.

El siempre indispensable respaldo ofensivo que espera todo lanzador no era motivo de preocupación, pero Cone se sintió un poco más reconfortado con la presencia en la alineación del cubano José Canseco, quien acababa de llegar desde Tampa y comenzaba su primer desafío con su nuevo equipo. Puede ser una señal de buen augurio, pensó. Sin embargo, íntimamente lo inquietaba otra circunstancia. El manager Joe Torre le había dado el día libre al cátcher titular Jorge Posada. En su lugar se hallaba Chris Turner, en cuya reducida carrera de ocho años, no había dejado de ser un receptor segundón. Los prejuicios habían invadido su mente luego de tantos reveses.

La eterna indispensable ofensiva
Terrence Long, Randy Velarde, Jason Giambi, Ben Grieve, Matt Stairs, el dominicano Miguel Tejada, Eric Chavez, Jeremy Giambi y el venezolano Ramón Hernández, conformaban el nada despreciable orden ofensivo del Oakland. El de los Yanquis contaba con Derek Jeter, el venezolano Luis Sojo, el boricua Bernie Williams, José Canseco, Dave Justice, Glenallen Hill, Tino Martínez, Chris Turner y Scott Brosius.

Asimismo, un poder de fuego nada despreciable, que Cone vería con satisfacción cómo entraba de inmediato en acción. Nueva York tomó ventaja de 1 a 0 en el mismo primer inning al anotar Sojo desde la antesala con un rodado de Justice, para de inmediato proceder a pisar seis veces más el home en la segunda entrada. La explosión frente al abridor Mark Mulder contó con seis imparables.

Tubeyes de Martínez y Jeter llevaron la voz cantante, pero también hubo sencillos de Brosius, Williams y Hill. El primer out fue un elevado de sacrificio de Canseco, el octavo en pasar por el home. Un cuadrangular de dos carreras de Jason Giambi en el tercero fue el primer daño sufrido por Cone, pero ya entonces estaba arriba 7 a 2. En los siguientes tres capítulos, Cone espació cinco hits y no permitió más anotaciones. Para el séptimo dio paso a los relevistas. Ganaba 12 a 2.

Todo fue un espejismo

El encuentro concluyó 12 a 6, entretanto Cone observaba cómo su premonición, sostenida desde la posibilidad de la suerte que podía ofrecerle el bate de Canseco, se cumpliera a cabalidad. Remolcó tres de la docena de carreras de los Yanquis, con un cuadrangular y dos elevados de sacrificio.

La “mala suerte” de David Cone no se esfumó del todo. En sus próximas seis presentaciones, tuvo marca de dos triunfos y cuatro derrotas, para culminar la campaña con 4 victorias y 14 descalabros. En la Serie de Campeonato y la Serie Mundial, solo actuó como relevista. Poco más de un inning.

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