jueves, mayo 30, 2024
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Tripleplay | Otra historia que no se cree

Aún deberá pasar un tiempo prolongado para conocer las consecuencias que tendrá el Covid-19 en la humanidad. A ratos tratamos de hallar una visión positiva frente a la pandemia ante tanta incertidumbre, y en lo particular la hemos hallado en la lectura, siguiendo el consejo a quienes pertenecemos a la tercera edad, de estar en casa el mayor tiempo posible. Fue entonces cuando tropezamos una vez más con un relato que deseamos compartir.

En el fondo no es más que una muestra de cómo ha variado el beisbol de las grandes ligas. No es que hoy sea mejor o peor que el de ayer. Simplemente es distinto. Con otra visión, otro código de valores. Sobre todo del espectáculo en sí mismo, porque el juego sigue siendo el mismo. En este caso, se refiere a un encuentro celebrado en 1931, que expresa cómo entonces, la visión de los peloteros sobre su oficio, tal vez dejaría a los aficionados del presente con la boca abierta por decir lo menos.

El 23 de agosto de 1931, los Atléticos de Filadelfia llegaron a San Luis para jugar con los Browns, en ese momento uno de los peores equipo de la Liga Americana. Con marca de 49 y 68 se hallaban a 35 juegos del primer lugar donde precisamente estaban los Atléticos, camino a su tercera corona en fila.

Por Filadelfia abriría su pitcher estelar, el zurdo Lefty Grove, con un íntimo compromiso. Grove sumaba 16 triunfos consecutivos, y uno más le permitiría romper el empate que mantenía con Walter Johnson, Joe Wood, y Shoolboy. Así que algo más de 20 mil aficionados se concentraron en el parque. No tanto como para ver al conjunto, como para presenciar a uno de los más notables lanzadores, en su intento por imponer una nueva marca de triunfos.

Un detalle pasó desapercibido y no era para menos. Cuatro de los regulares se encontraban ausentes por molestias: el jardinero central Mule Haas, el campocorto Joe Boley, el antesalista Jimmy Dykes y el guardabosque izquierdo Al Simmons. Sin embargo, qué tanto podían significar las bajas si allí estaban el temible toletero Jimmie Foxx, el camarero Max Bishop, el cátcher Mickey Cochrane, el jardinero derecho Bing Miller, y claro está el propio Lefty Grove.

Luego de recibir un imparable del primer bateador del encuentro, Grove retiró a ocho bateadores al hilo hasta que Fred Schulte dio sencillo con dos outs en el tercer acto. Entonces Ski Melillo dio un elevado al jardín izquierdo. El novato Jimmy Moore pareció tener control de la bola pero la perdió a última hora y Melillo se anotó un doble mientras Schulté anotó y San Luis se fue arriba 1 a 0.

Grove no aceptó más anotaciones pero Dick Coffman dejó en tres inatrapables a los Atléticos. San Luis ganó 1 a 0 y Grove se quedó con las ganas de la marca absoluta de triunfos seguidos de un pitcher en la Americana. No obstante, la trascendencia de lo acontecido, llegó más tarde.

Tormenta en el vestuario

En el vestuario, en un gesto de mal genio ante el revés que no sorprendió a sus compañeros, Grove con un bate la emprendió con todo lo que halló a su paso. Sobre todo con las pertenencias de Al Simmons, por no estar en el leftfield para tomar el globo de Moore que empujó el triunfo del San Luis.

Simmons había recibido permiso del manager Connie Mack para ir a su casa. Nadie dijo nada ni intentó detenerlo.

Entre 1925 y 1940 también con los Medias Rojas, ganó 300 juegos, ocho veces sumó al menos 20 triunfos, y en nueve oportunidades fue el primero en efectividad, más que cualquier otro lanzador en las mayores.

En otras siete encabezó a la Americana en ponches y ayudó a los Atléticos a alcanzar tres coronas y dos Series Mundiales.

EN TIPS

Primer Más Valioso

Cuando en 1931 fue creado el galardón Más Valioso de la temporada, Grove fue el primero en ganarlo en la Liga Americana, luego de concluir con registro de 31-4, con tope de 2.06 en efectividad, 4 blanqueos y 27 aperturas completas que ayudaron al Filadelfia a atrapar la corona del circuito.

¿Qué haría hoy?

Robert Moses Grove, mejor conocido como Lefty, fue elevado al Salón de la Fama de las ligas mayores en 1947. Falleció a los 75 años de edad, el 22 de mayo de 1975. Solo perdió 140 encuentros, y hoy nos preguntamos, si le hubiese dolido tanto el perder un juego como aquel ante el San Luis.


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