Camiseta 10 | 3 técnicos, 3 gritos a la FIFA

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Los nombres de José Peseiro, José Hernández y Pamela Conti repican duro en los oídos de la Federación Venezolana de Fútbol.
Firmados con promesas de gran calado económico por parte federativa, y de clasificación como dulce augurio por los entrenadores, iniciaron su andar al comando de las selecciones nacionales. No había optimismos desbocados, pero sí aquel pensamiento del “ahora sí” tantas veces añorado y tantas veces repetido en la geografía venezolana.

Peseiro, al frente de la selección absoluta, trajo un plan de trabajo muy al estilo europeo. El portugués, desconocedor de la idiosincrasia nacional, de los vaivenes y manías del jugador criollo, se fue habituando poco a poco y llegó hasta una mediana identificación. Pero no le bastó: han pasado las semanas, los meses y ya más de un año y el hombre sigue sin decir “al fin ese dinero está en mi cuenta internacional y ya es mío”. Vale decir que, parado ante la realidad de lo que el fútbol local representa, el lusitano es el entrenador con más bajo sueldo de toda Suramérica; detalle muy venezolano, por cierto.

Hernández, un teórico-práctico del juego, se ha desvivido en conocimientos y trabajo en la dirección de los seleccionados Sub 20 y Sub 17, y su destino ha sido el mismo de Peseiro: no ha podido contar con lo que hay que contar: la plata anunciada. Y vaya si Hernández conoce al monstruo porque ha vivido dentro de él: fue jugador profesional y desde hace algunos años es instructor y guía de los equipo nacionales juveniles.

En paralelo, la Italiana Conti no ha podido saborear el dinero venezolano. La trajeron como conocedora del movimiento del fútbol femenino para dirigir al conjunto del país, pero luego de charlas, reuniones y presentación de programas que llevaron a las muchachas a soñar, todo se ha convertido en castillos de arena ante el huracán: con los bolsillos vacíos se marchó a Europa a esperar novedades y un viento a favor.

Con los tres directores técnicos en el mimo lado del río, solidarizados en su amargura y en sus horas de preocupación, en el desamor, el dragón hambriento vuelve a soltar fuego por su boca enorme y calcinante. Los gritos de reclamo por sus labores como directores de maniobras sin reconocimiento están cerca de ser escuchados por la Fifa, y una desafiliación para el fútbol venezolano se oye en los pasillos del edificio en Zurich. Cuidado con el dragón, porque amenaza con quemar al que merezca ser quemado. Cuidado.

Intereses vs. desafiliación

Para la Confederación Suramericana de Fútbol, un destierro de Venezuela sería un cataclismo. La Vinotinto completa el cuadro de diez países en la región, número par, ideal para armar el Premundial.

Mas eso no sería lo peor: lo terrible sería que la Federación Venezolana, por estos días hambrienta de recursos, dejaría de percibir un grueso dinero por la televisión, y tal cosa la llevaría a una quiebra impensada hasta hace algunos años.

A ninguno de los actores de la puesta en escena le convendría una dolorosa desafiliación, que dejaría al país “chupando un palo sentado, sobre una calabaza”, como canta el poeta Serrat.

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