Camiseta 10 | El BraMadrid entra a la cancha

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De súbito, de la geografía española emerge un equipo de nombre BraMadrid. Pero no hay que alarmarse ni pensar que una nueva y extraña divisa ha llegado a la Liga.


Florentino Pérez, “capocannoniere” del equipo de la capital de España, desde siempre ha sentido debilidad por los futbolistas de Brasil, pero esta vez parece que se ha ido de bruces en su exótica preferencia: en el partido del Real Madrid ante el Huesca de hace unos días, en el cuadro blanco jugaron, en el colmo de la exageración ¡cinco brasileños!: Marcelo, Casemiro, Vinicius, Rodrygo y Militao portaron banderas de su patria en el campo de juego, transfigurando las camisetas blancas en amarillas con cuello y vivos verdes. Hace unos días, en partido de la Champions League ante el Inter, solo faltó el último nombrado para que se repitiera la baraja completa.


Esto, claro, forma parte del sentido figurado. La franela siempre es del color original (si es que podemos decir que el blanco es de esa tonalidad), y jugando al juego de la imaginación y la travesura ¿qué tal sería un partido Real Madrid-Selección de Brasil con estos cinco jugadores en la cancha? ¿Jugarán para el club español o con el equipo de su país?¿Estarán en el terreno un tiempo con cada camiseta? Vaya qué locura, hombre…


Si echamos atrás en el libro del fútbol español, vamos a toparnos también con el Barcelona y su igual predilección con futbolistas salidos desde las embrujadas playas brasileras, donde la hechicería es tan normal como comer feijoada en Río de Janeiro los sábados al mediodía. Por ahí pasaron, en los años cercanos, Romario, Rivaldo, Ronaldo Fenómeno, Ronaldinho Gaucho y Neymar, aunque si revisamos hasta el fondo de esta historia han sido más de treinta los hombres salidos desde el gran Amazonas para vestir de blaugrana.

El BraMadrid entra a la cancha
Ha sido una veleidad española llevar jugadores del país del sortilegio a sus planteles. Los ven en el Mundial, sonríen y se desgranan en elogios desmesurados cuando alguno de ellos dibuja una pirueta como solo ellos saben hacerlo. De inmediato algún club envía a un emisario a reunirse con aquel que acaba de simular a un trompo verde y amarillo con la pelota pegada al pie. Y no importa que el muchacho no sea un súper, que no tenga la grandeza de Pelé ni la genialidad encantadora de Ronaldinho; basta con que haya nacido en aquella geografía de habla portuguesa para que la gente de España lo vea como un salvador llegado desde otro mundo. Meu Deus.

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