Camiseta 10 | El sueño no muere

Camiseta 10 El sueño no muere
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Desde los días de Richard Páez y César Farías, en Venezuela se consolidó una nueva fe. Y no es que no la hubiera, porque desde siempre se había creído que algún día el fútbol iba a renacer. Aunque había habido victorias esporádicas, fue con Páez y Farías que llegaron, casi como una costumbre, los éxitos que transformaron una quimera en una realidad, en algo tangible.

Se estuvo cerca de que la llegada al Mundial fuera posible, y aunque no fue así la nueva creencia había abierto un caudal incontenible. Y ese amor se ha mantenido en el tiempo, porque fuese como fuese ya se sabía que se le podía ganar a las más encumbradas selecciones de Suramérica.

Llegaron día difíciles, como los actuales, pero ni así se ha perdido el afecto. La gente en la calle siente el cariño Vinotinto pegado en el corazón, y aun con las derrotas sigue preguntándose porqué el presente no es como antes, y cuándo volverán los triunfos inolvidable de aquellos años…

Porque el sueño del fútbol nunca muere. Vinotinto dejó de ser una moda, la trivialidad de un uso para convertirse en un ícono social, un valor inestimable de la venezolanidad.

Hoy, y de eso estamos seguros, en su partido ante Paraguay y no obstante las caídas ante Argentina y Perú, la gente volverá a la Vinotinto a ponerle sus alas caídas. Catar ya es inalcanzable, es un cielo que está más allá de toda consideración, por lo que el Mundial 2026 llama.

Será el primero con 48 equipos, el más democrático concebible, y por ese resquicio habrá que colarse. No estarán algunos de los jugadores de hoy, pero tampoco se debe pensar que esta columna es un canto a la desesperanza; es una canción al sueño, porque el sueño del fútbol nunca muere…

Cata Roque, el inolvidable sabio de fútbol, decía que en Venezuela seguían campeando las distracciones. Y una distracción de Mikel Villanueva al entregar corto un balón aprovechado por Perú fue lo que perdió a la Vinotinto el domingo en Lima.

En el alto fútbol, el que se juega en casi todo el mundo, en lo que más se trabaja es en erradicar este tipo de acciones; tal vez sin ritmo de partido, llamado desde la suplencia para cubrir el lugar del lesionado José Manuel Velásquez, a Villanueva le faltó esa confianza que da el jugar y más jugar.

Y también quedó claro la ineficiencia frente al arco de Perú; ante un seleccionado venezolano con diez hombres fue incapaz de crear el fútbol necesario para poner candado a un partido que bien pudo tener otro destino.

Sigue el Premundial, y poniendo a un lado a Brasil y Argentina, nadie está seguro. Cómo nos hubiera gustado hablar de que entre los posibles a Catar, los que mantienen viva la ilusión, estuviera la Vinotinto. Cómo nos hubiera gustado. Nos vemos por ahí.


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