Camiseta 10 | Los 32 de Salomón

Camiseta 10 Los 32 de Salomón

Dos visiones alimentan los puntos de vista en las discusiones tan inevitables como estériles: ¿quién ha sido el mejor jugador venezolano de siempre? Visto desde los sentimientos puede ser uno, Luis Mendoza; mirado desde la trascendencia, el lugar lo disputan Juan Arango y Salomón Rondón.

Ah, Salomón, el hombre que, en su madurez futbolística llega hoy a sus treinta y dos años de edad. Y a esa edad acaba de llegar al Everton, buen equipo de la Premier League, lo que deja muy en claro que Rondón está vivo, muy vivo, y que sus mejores días lejos de haber pasado, han llegado. Nunca ha parado: del Aragua a Las Palmas, al Málaga, al fútbol ruso, a Inglaterra, a China, y ahora, en la culminación de una carrera indiscutible con su retorno a England, pensar que solo le ha faltado, quizá, el magno momento, la erupción del Vesubio, el estallido de mil kilos de dinamita…

Si al atacante venezolano lo ha llamado el Everton, por algo será; han conseguido en su juego las claves de una solución de gol en una competencia fiera como es la inglesa. Porque esa ha sido siempre su característica fundamental: resolver los partidos a su manera. Salomón, al contrario del lugar común no ha sido un trotamundos, adjetivo que normalmente se le aplica los jugadores en busca de equipo. Él no responde a ese concepto de viajar por el mundo en procura de aventuras; él ha sido diferente, porque ha ido donde lo han considerado necesario. Si nos ponemos a revisar, Rondón ha sido un jugador de primera mano dondequiera que ha ido, y en el Everton podría ser la pieza que le hacía falta a la maquinaria para encender y explotar…

Entonces, vuelta al primer párrafo de esta columna. Juan Arango tuvo la trascendencia de ser el hombre que abrió brechas en el tupido bosque del fútbol europeo; su paso de años por el Mallorca y por el Borussia Monchengladbach fueron marcas imposibles de borrar. Aún se le recuerda como uno de los grandes mediocampistas que haya pasado por los dos equipos de España y Alemania. Pero también imborrables van a ser las que va dejando Salomón Rondón en su tránsito vital por donde quiera que sus botas hayan pisado. Así pues, todo este asunto de los mejores sigue siendo un asunto de época y juventud, de sentimientos y visiones, de identificación y de pieles. Para el fútbol venezolano, al final de todo, ha sido de gran fortuna la casi coincidencia de ellos dos en una generación que la gente recordará como la que llenó de sueños a todo un país. Salomón, la vida no ha pasado: la vida comienza hoy. Nos vemos por ahí.


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