Visión de Juego | El fútbol venezolano tiene que dejar de ser Lala para resurgir

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Los viejos males del fútbol venezolano parecen incurables. La historia se repite una y otra vez, y solo cambian los nombres de los equipos y los personajes. Clubes que aparecen de la nada con la promesa de levantar estructuras desde las categorías menores, formar talentos y tener una sede social con canchas disponibles para la práctica del deporte. Este ha sido el sueño de incontables directivos. Desde los días del nacimiento del fútbol venezolano con el Venzóleo, el primero en Caracas que llegó a tener una cancha propia en los alrededores de la urbanización San Bernardino, y hasta un equipo en la segunda categoría, hasta hoy cuando la Fundación Lala transita por el camino de las ilusiones rotas.

Surgido en 2015 como un proyecto deportivo social con el propósito de apoyar al talento futbolístico que abunda en el municipio Caroní, en el estado Bolívar, la Fundación Lala recorrió con éxito la segunda división, y el año pasado desembarcó en la primera categoría con el entusiasmo propio de los equipos que ven un horizonte muy cercano.

Pero la crisis económica que afecta la economía del mundo, paralizada por la terrible pandemia de covid-19, ha acabado con la fragilidad de los proyectos deportivos sin estructuras y financiamiento sólidos.

Así que al igual que tantos equipos que han surgido y desparecido en el país, la Fundación Lala hoy solo puede mostrar deudas. La directiva solo ha podido pagar dos meses de salario en 2020 y los jugadores se han visto obligados a ejercer cualquier oficio fuera de la cancha para sobrevivir.

Se suponía que la Licencia de Clubes exigida por Conmebol y Fifa sería una alcabala para que equipos sin capacidad económica puedan competir en los torneos profesionales.

El problema con la licencia es que si la Federación Venezolana de Fútbol aplica a rajatabla cada uno de los requisitos, pocos equipos realmente pueden seguir compitiendo. Por ello, es esencial que la idea de crear nuevamente una liga profesional de fútbol deje de ser una promesa gaseosa y se consolide.

Todo el que quiera fundar un club deportivo y participar en torneos de la Federación Venezolana de Fútbol tiene derecho a hacerlo. Pero para competir profesionalmente en primera y segunda división se debe poner fin a los proyectos fantasiosos de quienes juegan a ser dueños de equipos y condenan a las plantillas a la miseria.

En estos tiempos de recesión mundial, el fútbol profesional venezolano tiene la oportunidad de reestructurarse a fondo. ¿Se puede seguir disputando una primera división con 19 participantes? ¿No sería más competitiva y rentable una liga profesional con menos integrantes, que sí pueda cumplir con los salarios acordados y desarrollar la preparación técnica de todos los integrantes de la plantilla? ¿No tendrán los jugadores que organizarse con más solidaridad en torno a la Asociación de Futbolistas para defender sus derechos?.

La crisis es una oportunidad para que los jugadores dejen de pensar solo en el balón y se ocupen con tiempo de su futuro. Ser futbolista profesional es un oficio de alto riesgo, sometido a las vicisitudes de las lesiones, del finiquito por bajo rendimiento o al dictamen del entrenador.

Formarse para ejercer otra actividad fuera o dentro de la cancha también debe ser parte de las obligaciones de un jugador. De los millones que en el mundo entero se dedican a patear la pelota, pocos llegan a ser Messi, Cristiano o Neymar. El retiro es más fácil con el pan bajo el brazo.

Todos los caminos conducen a Laureano

El regreso de Laureano González a la Federación Venezolana de Fútbol es una de las propuestas que ronda por la entidad.

La vuelta del antiguo presidente a las riendas de la FVF pudiera darse por dos caminos. La Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia pudiera declarar la nulidad de las decisiones tomadas en la Asamblea General de la FVF, celebrada en marzo pasado.

En consecuencia, la renuncia presentada por Laureano no tendría validez y podría ejercer otra vez el cargo, del cual se separó por razones de salud. El otro camino es que FIFA designe como hizo en la Asociación de Trinidad y Tobago, una Junta Normalizadora, que tendría a Laureano al frente. En este caso, la Junta nombrada por la FIFA asumiría las responsabilidades del Directorio de la FVF hasta que se realicen las elecciones en marzo de 2021 y la Asamblea General designe a las nuevas autoridades.

Otras crisis económica criollizó a los equipos

La historia de los equipos que han surgido y desaparecido del fútbol profesional es muy larga. De aquellos equipos de colonia que dieron lustre a la primera división desde la década del cincuenta hasta principios de los ochenta no queda sino su memoria.

Deportivo Portugués, Vasco, Italia, Galicia y Marítimo marcaron la etapa de auge y caída de un modelo de fútbol de importación de extranjero que quebró, cuando las políticas económicas de los gobiernos de Rafael Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera y Jaime Lusinchi llevaron al país a la bancarrota.

El fútbol venezolano tuvo que adaptarse a los nuevos tiempos. Fue el fin para los equipos de colonia repletos de jugadores extranjeros y el inicio para nuevas organizaciones como Mineros de Guayana, Caracas FC o Deportivo Táchira o Zamora, pilares en la gestación de un fútbol criollo, repleto de jugadores formados en el país que engrandecieron este deporte con figuras estelares que ahora brillan en el extranjero.

El desarrollo y consolidación de estas intituicones hizo posible el surgimiento de los Stalin Rivas, Juan Arango, Tomás Rincón, Wuilker Faríñez, Salomón Rodón, Yeferon Soteldo y tantos futbolistas criollos que son hechos en Venezuela.

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