Visión de juego | El origen del sistema defensivo que heredó José Peseiro

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Defender con firmeza el arco era la prioridad de la selección Vinotinto ante Brasil. El plan diseñado por el técnico lusitano José Peseiro de replegarse, cerrar las líneas de pase de Brasil y controlar los desbordes por las bandas se ejecutó casi a la perfección en el estadio Morumbí de Sao Paulo.

El equipo más contundente de las primeras fechas de la eliminatoria suramericana al Mundial de Catar 2022 fue controlado por el bloque unido, el enorme sacrificio de Darwin Machís y Yeferson Soteldo para vigilar las subidas de los laterales brasileños, y un descomunal Yordan Osorio, que mantuvo a raya a los atacantes rivales, ganando por alto y por bajo los duelos individuales a los que fue sometido.

Pero contra Brasil no se puede parpadear jamás. Bastó un descuido en un avance para provocar la confusión con el fallido intento de despejar de Machís, en su función de soporte en la banda izquierda. Solo contra dos brasileños que fueron a cabecear el balón, Machís raspó la pelota hacia el área chica, por donde cayó el implacable Firmino para anotar el único tanto amazónico, suficiente para llevarse los tres puntos y seguir invicto.

¿Había que ser más atrevido, intentar controlar la pelota y enfilar con más insistencia hacia el arco de la verdeamarillo en el estadio Morumbí? Ese deseo de ver en la cancha a una selección más comprometida con la posesión y el juego asociado, sin embargo, no se corresponde con la idea de juego que le inculcaron a la Vinotinto, desde la época en que César Farías suplió a Richard Páez en el banquillo.

Farías prefirió plantear los partidos con los dientes apretados, balones largos para aproximarse a la cancha rival y jugadas de pelota detenida como el camino más expedito y efectivo para llegar al gol. Cuando Noel Sanvicente intentó modificar ese sistema de juego, y propuso adelantar las líneas para presionar alto, tratar de recuperar el balón en campo rival, encontró resistencia en los jugadores.

Se sentían más cómodos y seguros con el sistema defensivo que le había dado éxito en la Copa América de 2011 y había alcanzado su mayor logro con el triunfo 1-0 sobre la Argentina de Messi en Puerto La Cruz.

Rafael Dudamel profundizó el juego de defensa amurallada y salidas veloces con su fútbol relámpago. Utilizó extremos veloces para caer por las bandas, ganar los duelos individuales y procurar el gol con tiros cercanos al área, centros rasos para que Salomón Rondón o los volante como Yangel Herrera definieran las jugadas de riesgo en campo contrario.

Peseiro recibió como herencia este fútbol que prefiere ceder la iniciativa y el balón para luego contraatacar. El mayor símbolo de este sistema es Tomás Rincón. Ante la primera derrota contra Colombia, cuando Peseiro pidió presionar y luchar por el control del balón, el capitán de la Vinotinto en su análisis señaló atinadamente que Venezuela no había exhibido su tradicional juego compacto para defender y contragolpear.

Todos quisiéramos ver una selección más determinada que enfrente los desafíos a partir del control del balón. En el partido contra Brasil hubo una jugada que llenó los ojos por unos instantes.

Fue en el segundo tiempo, con el partido todavía empatado a cero, Venezuela tuvo el arrojo para salir tocando desde el fondo. El balón se paseó por los botines de Roberto Rosales, Wilker Ángel y Yordan Osorio, que superó la presión con un espléndido pase a Rincón. El capitán alargó la jugada y metió un cambio de frente para Yeferson Soteldo. Puro caviar.

Si la Vinotinto de Peseiro puede repetir esas acciones con más continuidad a lo largo de los partidos, defendiendo con firmeza para salir tocando y sorprender con cambios de ritmos fulgurantes, tal vez podamos ver a una Vinotinto que ilusione y consiga victorias.

El beisbol es un patrimonio cultural que los venezolanos debemos defender

El beisbol profesional es un patrimonio cultural de los venezolanos, tan auténtico y valioso como los Diablos Danzante de Yare o la festiva Parranda de San Pedro en Guatire, que por iniciativa del Ministerio de Cultura fueron acogidas por la Unesco y declaradas patrimonio inmaterial de la humanidad.

Este deporte tiene más de un siglo de historia en Venezuela. Sus raíces son tan profundas y arraigadas en el alma del país, que no hay un solo venezolano que de alguna u otra manera no esté impregnado de la cultura beisbolera, presente de manera muy singular en el habla cotidiana de la gente con expresiones salidas del diamante como ”estás ponchado”, “te pasaron por bolas”, “la sacaste de jonrón” y otras similares.

Así que la lucha que desde el año pasado viene dando el Es con el propósito de que la Liga Venezolana de Beisbol Profesional cuente con todas las garantías necesarias para celebrar el campeonato, es una tarea que debe ser acompañada por el país entero, por sobre cualquier diferencia.

Al margen de las dificultades que ha añadido la pandemia de Covid-19 para organizar el campeonato, la Lvbp tiene que reinventar la estructura organizativa y de funcionamiento de los equipos para contar con peloteros propios, como ocurre en la Liga de Japón o Corea del Sur, que no dependen de acuerdos invernales con la MLB para desarrollar sus torneos.

Mientras no sean los equipos de la Lvbp los que produzcan sus propias canteras de jugadores, como hacen en el beisbol asiático, el garrote de la MLB siempre estará golpeando para endurecer los acuerdos, lo que pone en peligro ese patrimonio común llamado beisbol.

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