Visión de Juego | Faríñez y Olses cruzaron desierto de los arqueros

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Si había alguna duda de que Wuilker Faríñez debe seguir siendo el arquero indiscutible de la Vinotinto, solo hace falta repasar su actuación ante el actual campeón de Francia y subcampeón de la Liga de Campeones de Europa para enterrar los cuestionamientos sobre su falta de actividad en el Lens. Tuvo que esperar 34 jornadas para ser titular con su equipo en la Liga 1. Pero la larga pasantía por el banco de suplente no ha mermado en un ápice su enorme talento para repeler los ataques rivales. El Faríñez que enfrentó el sábado al PSG de Neymar y compañía ofreció sus mejores recursos. Tapó con estiradas felinas sendos cañonazos a la raíz de los postes. Despejó un cabezazo a quemarropa y la guinda del postre fue el vuelo de halcón para impedir lo que hubiera sido un magistral gol de pelota detenida de Neymar.

Aunque el PSG se impuso 2-1 al Lens, el brillante desempeño de Faríñez fue la nota más sobresaliente del enfrentamiento. Sustituyó al arquero principal del equipo, Jean Louis-Leca, dando un recital de agilidad, ubicación y reacción oportuna para evitar una goleada. A partir de este partido, el futuro del caraqueño en el Lens puede dar un giro a su favor. El venezolano aceptó dejar a Millonarios de Bogotá por el Lens de Francia a sabiendas de que sería suplente y que tendría que ganarse el puesto, exprimiendo hasta la última gota cada oportunidad que le ofrecieran para mostrar sus cualidades. El sábado tuvo la mejor ocasión de exhibirse en la Liga 1 y se lució como acostumbró en el Caracas FC y en la selección vinotinto, a tal punto que el arquero del PSG, el tico Keylor Navas, fue a felicitarlo y a intercambiar franelas con el chamo de Catia.

Tal vez con Faríñez se repita aquella conocida historia que ocurrió en las Grandes Ligas, pero que viene como anillo al dedo recordar. El 2 de junio de 1925, el primera base estelar de los Yanquis de Nueva York, Wally Pep, decidió tomar un descanso, porque sentía una terrible jaqueca. El joven y prometedor Lou Gehrig lo sustituyó en el diamante. Desde ese día, Gehrig no dejó de ser el inicialista de lo Yanquis en 2.130 juegos consecutivos. Se convirtió en el “Caballo de hierro” del beisbol, en uno de los mejores peloteros de cualquier época y en una leyenda en los Bombarderos del Bronx. No sabemos si Faríñez será en el Gehrig del arco del Lens, pero el técnico del club, Franck Haise, ahora deberá pensarlo mucho antes de regresar al venezolano al banco de suplentes, porque la gran actuación sobre el PSG estará rondando sobre su cabeza.

En la Copa Libertadores de América también hemos asistido a la consagración de un guardameta que tres años atrás sufrió una amarga experiencia de la que salió más curtido. Carlos Olses apenas era un prometedor arquero, cuando a los 17 años se hizo dueño de la meta del Deportivo La Guaira.

Había tenido una actuación fabulosa a lo largo del Torneo Clausura, en cuyo primer partido de la gran final mantuvo el arco en cero, tapando un tiro penal al delantero del Deportivo Lara, Jesús Hernández. Pero ningún arquero está libre de pecados y Olses incurrió en el suyo en el momento más inesperado, al fallar un despeje que el propio Hernández convirtió en gol para darle el título del Clausura a su equipo.

Las lágrimas de Olses en ese doloroso revés lavaron su pecado en el estadio Olímpico. En su regreso a La Guaira, tras pasar por el Racing de Argentina, el espigado guardameta se ha vuelto una fortaleza inexpugnable. Su seguridad en el arco litoralense es responsable de que el equipo haya sobrevivido al acoso de Atlético Mineiro y de Cerro Porteño para sacar dos puntos impensados. Sufrir en soledad es el sino de los porteros. Pero Faríñez y Olses ya han cruzado ese penoso desierto.

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