Visión de Juego | José Peseiro debe elegir bien y colocar cada pieza en su lugar

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El rendimiento de los jugadores a veces es un enigma. Futbolistas que en sus equipos rinden, fabrican goles y ganan títulos, de repente pierden sus poderes en la grama, cuando les toca vestir la camiseta nacional de sus selecciones. En Brasil tienen un calificativo para estos futbolistas que brillan en sus clubes y se apagan en el scratch: amarelos. Son los jugadores amarillos, que se destiñen en el terreno y dejan una imagen de inconsistencia, duda o simple mediocridad, cuando defiende la canarinha.

La actuación destacada de los jugadores venezolanos en el extranjero, con Darwin Machís, Yangel Herrera, Yeferson Soteldo y Jefferson Savarino como portaestandartes de ese desempeño fulgurante en España y Brasil, ha abierto el debate sobre por qué no los vemos brillar con el mismo resplandor en la Vinotinto. ¿Es culpa de Rafael Dudamel y ahora del portugués José Peseiro que los jugadores no exhiban todo su repertorio de amagues, piques, gambetas, pases y goles en los juegos de la selección?

La verdad es que ningún entrenador, por más genio que sea, está en capacidad de aprovechar los dones de sus futbolistas, si no posee el tiempo de trabajo necesario para aplicar sus conceptos, lograr que los jugadores los asimilen y apliquen con efectividad en la cancha. El Barcelona de Pep Guardiola, la máxima expresión de fútbol-arte en la última década, fue producto de años de formación de un grupo de talentosos jugadores, encabezados por Messi, Xavi, Iniesta y Piqué, en la academia de La Masia. Allí aprendieron los secretos del fútbol de posesión, del hombre libre, las triangulaciones para progresar juntos y atacar y defender como un bloque.

Guardiola le añadió sus conocimientos y obsesiones tácticas en un proceso que se inició repleto de incertidumbre, como bien lo cuenta Martí Perarnau en su libro El largo camino de Pep. Con trabajo diario, el técnico catalán consolidó su imaginario futbolístico hasta convertir al Barsa en uno de los mejores equipos en la historia del fútbol.

Los jugadores que llegan a las selecciones lo hacen con escasos días y los técnicos apenas tienen tiempo para unas pocas prácticas. En el caso de la Vinotinto, el mejor rendimiento colectivo ha llegado luego de que los técnicos han tenido horas de calidad para inculcar sus ideas de juego y ensayarlas.

Ocurrió con Richard Páez, cuando concentró a la selección para la Copa América de 2001, y después de pasar por ese torneo, los jugadores asimilaron sus ideas y consiguieron las victorias en fila que produjeron el boom Vinotinto. También pasó con el proceso de César Farías, quien cumplió con una fase de preparación en Dallas, EE.UU, y todo ese trabajo derivó en el inédito cuarto lugar de Venezuela en la Copa América de Argentina 2011.

Peseiro tomó a la selección en la situación más complicada, en medio de la pandemia, sin partidos de fogueo y con una convocatoria llena de problemas para viajar. Imposible exigirle a la selección que compita y ofrezca el mejor desempeño individual y colectivo.

En las eliminatorias el trabajo del técnico se reduce casi que a armar el rompecabezas y colocar cada pieza en su justo lugar, tomando en consideración la actualidad de cada uno de los convocados. Si Soteldo la rompe en Brasil con el Santos y Machís hace lo propio en España, Peseiro debe aprovechar ese impulso vital que traen los jugadores para intentar que lo extiendan en la selección. En los próximos partidos contra Brasil y Chile, el nuevo seleccionador tampoco tendrá mucho tiempo para ensayos. Su capacidad para acertar en la elección de cada jugador y ubicarlos en el puesto donde rindan más, será esencial para sobrevivir a estas dos pruebas de máxima exigencia.

Caracas FC y Estudiantes tuvieron un digno desempeño

La ilusión que despertó el Caracas en la Copa Libertadores no hay que desmerecerla. El equipo de Noel Sanvicente hizo más de lo que estaba en sus posibilidades, si tomando en consideración la situación del fútbol venezolano que desde marzo pasado estaba parado.

La plantilla de los rojos está formada por un grupo de chamos sin rodaje profesional e internacional, lo que añade más valor a los puntos que obtuvieron en el torneo. Clasificar a la Copa Suramericana, claro está, es un premio de consolación, pues hasta los últimos minutos en el partido contra Boca tuvieron el chance de meterse a los octavos de final de la Copa Libertadores.

El nuevo desafío será ante uno de los clubes grandes de Brasil, el Vasco Da Gama, que atraviesa por horas bajas en el Brasileirao, donde ocupa el puesto 17 de la tabla de clasificación, luego de cinco derrotas consecutivas. Caracas juega el miércoles en Río de Janeiro y tendrá la ventaja de cerrar en el estadio Olímpico de la UCV el 4 de noviembre. Si recupera la solidaridad para defender, sin caer en los excesos e imprudencias que lo condenaron ante Medellín en casa, los Rojos tienen opción de plantar cara y luchar por seguir avanzando.

Estudiantes de Mérida también tuvo un desempeño digno en el torneo. Recuperó su estilo de juego, complicó a todos los rivales del grupo y mostró una nueva camada de futbolistas del patio que ya son la base de un equipo lúcido con el balón, aguerrido y batallador. Clasificar a la Copa Suramericana como tercero de su llave, también fue un justo premio al magnífico esfuerzo de la academia, que ahora le toca luchar contra Coquimbo Unido de Chile.

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