martes, julio 23, 2024
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Camiseta 10 | Cristiano y la vuelta de los hijos pródigos

El autobús paró, y cientos de aficionados esperaban con impaciencia la salida de los jugadores. La calle se encendía con tanto delirio a manos llenas, y las camisetas con nombres de jugadores atizaban el viento en la espera que se hacía interminable.

Bajaron los del cuerpo técnico, los primeros jugadores y hubo pequeñas muestras de admiración; el querer al futbolista tiene sus grados de afecto. Y siguieron bajando hasta que apareció él, con su figura imponente, con su gorra con la visera hacia atrás, con la seriedad de sus treinta y siete años.

“¡Cristiano, Cristiano….!”, se desgañitaba la gente, y Cristiano pasó de largo con uno de sus brazos extendidos en un saludo formal a la multitud, hacia la entrada de hotel.

También pasó Raphael Varane envuelto en exclamaciones y antes de firmar una que otra camiseta; y como todos los demás, se perdió por entre las entrañas del hospedaje madrileño. Los hijos pródigos habían vuelto a casa…

En esos días el Atlético de Madrid enfrentaba al Manchester United en partido de la Champions League, y aquellos jugadores que habían sido amados en sus años en el Real Madrid mantenían un rescoldo en el corazón de la ciudad y sus habitantes.

La gente no los olvida, y aunque hubiesen querido que su vuelta hubiese sido con el equipo merengue, qué le iban a hacer: Cristiano Ronaldo y Raphael Varane en persona pisaban de nuevo la Calle de Alcalá, la Gran Vía, la Plaza Mayor. Así también ha de suceder si algún día, y si esas vueltas del fútbol y sus mil campeonatos lo permiten, que Lionel Messi retorne a Barcelona.

Son sentimientos guardados, pero muy vivos cuando un semidios los reclama, como Cristiano, como Varane, como Messi…

Es la vuelta a la parábola del hijo pródigo, palabras de Jesús escrita en los Evangelios; el mirarse de nuevo en los espejos del transcurrir humano (por algo se llama Cristiano…). Es el hecho del regreso de aquel que se había ido, aunque en estos casos del fútbol no se sabe si, como en la alegoría mencionada, hay arrepentimiento o nada más cumplir con lo exigido por el equipo.

En fútbol, cuyo teatro es la representación de la vida cotidiana, el jugador, conocedor de lo breve de su carrera, procura obtener con urgencia los beneficios posibles: el tiempo apremia y hay que apurar las ganancias.

Luego del retiro pueden apagarse las luces y entrar en el oscuro túnel de la precariedad. Quizá por eso haya semejanzas entre el hijo que vuelve y el futbolista que retorna. Uno, en procura de lo perdido; el otro, en busca de lo no alcanzado. Nos vemos por ahí.

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