sábado, agosto 13, 2022
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Visión de juego | El fútbol clásico está de regreso

El asombro que producen jugadores como Karim Benzema, Lucas Modric, Kevin De Bruyne o Antonio Rüdiger proviene de su fútbol de otros tiempos, en el que se valoraba más la técnica que la potencia, la solidaridad en vez de las estadísticas y el ingenio por encima de los corset tácticos de los entrenadores que intentan robotizar a los jugadores.

Benzema es el prototipo del delantero total, como en los tiempos gloriosos del Real Madrid de Alfredo Di Stéfano. El argentino fue el primero de una raza casi extinta de fulminantes artilleros que no vivían exclusivamente de los movimientos en el área. Retrocedía, apretaba a los rivales, recuperaba, iniciaba la jugada y luego se ocupaba de lacerar a los defensas con su velocidad de saeta rubia. El francés ha recuperado ese espíritu de don Alfredo.

Durante los días de Cristiano Ronaldo en el Madrid, Benzema fue el jugador más solidario de estos tiempos. Prefirió vivir bajos las sombras del portugués, contribuyendo a realizar el trabajo pesado de arrastrar marcas, generar espacios y contribuir con sus asistencias a que CR7 se consagrara como el astro más luminoso de los merengues con sus goles y colección de Balones de Oro.

Pero este año Benzema ha mostrado lo que es un delantero todo terreno, cuyos movimientos para ir y venir por la cancha deberían ser enseñados en los parvularios del fútbol.

Cuando el Real Madrid retrocede, se transforma en el primer defensa del equipo; y en fase ofensiva puede jugar de espaldas al arco para bajar el balón, iniciar las transiciones con un pase para progresar y luego consigue acomodarse en el área para definir de cualquier forma posible con su pierna dominante, soltando un zurdazo imparable o metiendo cabezazos con un golpeo tan estético que hasta los rivales están tentados a aplaudir tanto charm francés.

Modric y De Bruyne recuerdan que ninguna pizarra táctica superará jamás la habilidad de los mediocampistas creativos. El croata es el 10 clásico que se resiste a desaparecer en un fútbol sin pausas, donde se corre más de lo que se juega.

A sus 36 años, Modric reveló que la fuente de la eterna juventud en el fútbol son sus exquisitos pases teledirigidos para sus socios en el ataque o sus disparos con rosca que buscan besar la malla. No necesita largas galopadas. La geometría de su fútbol se dibuja en líneas rectas, verticales, horizontales, oblicuas y poligonales que  son indescifrables para sus atormentados defensores.

De Bruyne representa la modernidad del 10. El belga unifica el estilo clásico de los pases de Modric con la exigencia de las transiciones a toda velocidad del fútbol actual. Dueño de una técnica envidiable y una inteligencia privilegiada para entender el partido, De Bruyne es el alma de Manchester City de Pep Guardiola. El juego posicional de búsqueda del hombre libre que el entrenador catalán ha llevado a Inglaterra para cambiar el fútbol isabelino de pases directos y cabezazos, tiene en De Bruyne a su principal ejecutor distribuyendo la pelota, atacando el espacio con sus soberbias diagonales o metiendo sus metrallazos.

Si el Chelsea estuvo cerca de la hazaña en su segundo duelo ante Real Madrid en el Santiago Bernabéu fue gracias al empuje de Antonio Rüdiger, una suerte de Franz Beckenbauer moreno.

El defensa central afroalemán del equipo azul fue un motor inagotable de energía. Salió jugando desde el fondo con la elegancia y el atrevimiento del “Kaiser” del fútbol alemán. Mantuvo a raya al ataque del Real Madrid y renovó las esperanzas clasificatorias de su equipo pisando el área y anotando con un bombazo de derecha.  

Benzema, Modric, De Bruyne y Rüdiger son el fútbol de siempre que nunca pasa de moda y está por encima de los entrenadores.  

La incógnita del Caracas

El segundo enfrentamiento del Caracas en la Copa Libertadores volvió a exhibir las dificultades que sigue confrontando el cuadro de Francesco Stifano para sacar máximo provecho a los recursos ofensivos del beninés Samson Akinyoola. 

Contra Libertad de Paraguay, el africano se volvió a perder en la maraña defensiva del rival, absorbido por los centrales en una lucha desigual para luchar de espaldas al arco en una posición de nueve posicional que no encaja con sus características.

Akinyoola necesita jugar con espacios, recibir en carrera de frente al arco para encarar o definir las posibles situaciones de gol, y para ello hace falta un socio en la mitad del campo con capacidad para manejar el ritmo del juego, pausar o acelerar las jugadas. 

En Asunción, Caracas comenzó bien, explotando la banda derecha con una brillante combinación entre Eduardo Fereira, el mejor lateral derecho del país que pide pista en la selección Vinotinto, y el ghanés Kwaku Bonsu Osei, que derivó en un prime gol de toque, combinación y velocidad.

Pero después, el equipo capitalino se empeñó en correr y correr, sin detenerse a pensar las jugadas, a pisar la pelota y meter la pausa para ralentizar y cambiar el ritmo súbitamente. No hubo oportunidad de que Luis Ramírez, Saúl Guarirapa o Edson

Castillo se combinaran con Akinyoola para alimentar su fútbol de vértigo y de duelos individuales. 

Carlos Suárez fue el más claro con el balón, pero sus obligaciones defensivas para recuperar y dar el primer pase de salida lo dejan muy lejos para armar el circuito ofensivo que requiere el Caracas. La corta derrota 2-1 ante Libertad todavía deja margen para luchar por la clasificación, pero habrá que resolver la incógnita de Akinyoola. 

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