jueves, febrero 29, 2024
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Camiseta 10 | Juan Arango vuelve a la cancha

¿Quién dijo que Juan Arango se había ido del fútbol, a quién se le ocurrió tamaña “fake news” del jugador venezolano? Caramba, ¿no han visto los videos en los que su excelsa pierna zurda revienta redes, y eso sin desdeñar el poder de su derecha?.

No, Juan Arango no se ha olvidado de pegarle a la bola con la rabia del barrio, con la inteligencia aprendida en tantas partidas callejeras y luego llevada a las canchas.

Sí señor, el hombre ha vuelto reencarnado en Juan Arango Tortolero, su hijo de quince años de edad y tan mediocampista como él, tan zurdo como él, tan decidido en el fútbol como el padre que le dio el nombre. Todo lo escrito en las primeras líneas fue una simple jugarreta, porque a su cortísima edad obviamente que poco se ha dicho y escrito del insurgente muchacho de fina estirpe: sobrino de Edson Tortolero, capitán de la Vinotinto hasta hace pocos años, y nieto de Argenis, el pionero de los goles venezolanos en un Premundial: fue ante Uruguay, en una noche de frío y lluvia, en 1965, en el estadio Olímpico…

El carajito está listo para ir a prueba al Girona, club de la segunda B de España a mostrar lo que sabe hacer, y, adelantándonos un tanto, tal vez allá ya sueñen con tener de nuevo en el fútbol hispano al futbolista que desde las trincheras del Mallorca puso a hablar a los equipos adversarios del país y de toda Suramérica, porque el “internet del rumor” se encargó de esparcir la especie de aquellos bombazos de miedo salidos desde su flaca pero terrible pierna zurda.

Y por allá viene otra vez Arango, con aquel aire desgarbado que poco decía pero ahora transfigurado en juventud, y diciendo como leímos una vez de un señor (Gabriel García Márquez, ¿quién más iba a ser?) que decía a una mujer de menos edad que él la iba a conquistar “cuando yo sea joven otra vez”…

Llegamos a Weston y hemos conseguido un frío cercano al que había en Alemania en nuestros últimos días allá. Mientras en Stuttgart se movía entre seis y nueve grados centígrados, aquí el termómetro anda en doce.

Son los coletazos del huracán de viento y nieve que recientemente azotó al oeste de Estados Unidos, y que han conseguido, contra lo habitual, que las chaquetas dejen los closets para conjurar en los cuerpos la presencia del visitante llegado del norte.

En unos días partiremos rumbo a Venezuela, luego de cuatro meses de ausencia, y el retorno será bueno para reencontrarlos con las cosas íntimas, la casa, los amigos; en fin, con la cotidianidad. Por allá nos daremos los abrazos.

Nos vemos por ahí.

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