lunes, mayo 27, 2024
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Visión de juego | Estadio Brígido Iriarte recuperó magia luego de tres años sin gol

Volvió el fútbol al estadio Brígido Iriarte de El Paraíso, y es una alegría muy honda, porque en ese escenario vivimos grandes jornadas del fútbol nacional, cuando el estadio servía de único recinto de todos los equipos de la capital. Se podía jugar seguido desde la 10 de la mañana y se terminaba a la 6 de la tarde, luego de partidos consecutivos que convertía la grama en un potrero donde la cancha saltaba como un conejo desbocado.

El viejo estadio Nacional fue la primera sede del Caracas FC, que en sus primeros partidos solo convocaba a su mecenas y arquitecto de la grandeza del club, Guillermo Valentiner, con su infaltable transistor pegado al oído para celebrar o rabiar hasta lo indecible con cada victoria y derrota de su equipo.

En esa grama floreció la zurda prodigiosa de Stalin Rivas, antes de marcharse a Bélgica como una promesa de crack que nunca llegó a concretarse plenamente, y brillaron dos de los mejores socios que ha tenido el mediocampo de los rojos: Gerson Díaz y Gabriel Miranda, amos del pase en corto, de la gambeta para desquiciar a los rivales y de la puñalada al corazón del área que invariablemente terminaba con el feliz encuentro entre el balón y la red propiciado por goleadores de raza como el africano Ibrahim Salizú, Jorge “Choco” Giraldo o Rafael “Huracán” Castellín.

En esa primera casa del Caracas, antes de mudarse al estadio Olímpico de la UCV, el sabio Manuel Plascencia edificó a uno de los mejores Caracas de todos los tiempos, aquel del Clausura 97 en el que se coronó campeón absoluto al barrer al Atlético Zulia con la mejor temporada goleadora de Castellín. Pero el Caracas se fue al Olímpico, a disgusto de Valentiner que prefería el ambiente familiar del Brígido, y el viejo escenario de El Paraíso perdió su magia.

Desde hace tres años había sido cerrado por las autoridades del IND para iniciar su remodelación con el aporte económico de los directivos del Atlético Venezuela, y ayer la cancha volvió a resplandecer. Ahora el Brígido es la casa del Atlético Venezuela.

Los nacionalistas mostraron su ambición y pegada derrotando 3-2 a Metropolitanos con una soberbia actuación de Carlos Sosa. El mediocampista exhibió tod un repertorio de control del balón, precisión en el pase y golpeo magistral de pierna zurda.

Primero inició el magnífico contragolpe del Atlético con un pase en profundidad que luego derivó en el gol de Joel “Gambeta” Infante. El delantero se reencontró con el gol, y especialmente con su brillo perdido. Hay jugadores que solo parecen iluminarse a plenitud con la camiseta de un equipo. Gambeta es uno de esos raros casos.

Ayer volvió a ser el jugador punzante, encarador y decisivo de 2016, cuando fue la gran figura del Atlético con 15 goles. Después de esa explosión, su genio se fue apagando en su tránsito irregular por el Deportivo Lara, Deportivo Táchira y Gran Valencia.

La educada y fina pegada de pierna zurda de Sosa liquidó el partido con un disparo espléndido que se fue curvando hasta que se coló por el palo más lejano del sorprendido arquero Giancarlo Shiavone. El Atlético ha sido en las últimas temporadas una sinfonía inconclusa.

La directiva del club ha armado buenas plantillas para pelear por conquistar una primera estrella que los consolide como un equipo de respeto en Primera División, pero por una u otra razón, el equipo se va desinflando a lo largo de las competencias.

Atlético otra vez tienen una plantilla competitiva, comandada por Sosa, Infante, Fran Feltscher y el colombiano Tommy Tovar. El club nacionalista tiene el enorme reto de recuperar la tradición ganador que vivió tiempo atrás el Brígido Iriarte con el Caracas F.C.

La UCV volvió a primera con una franquicia que necesitará arraigo

Aunque todavía no sea en estricto sentido de la palabra el equipo de la Universidad Central de Venezuela, sino una suerte de franquicia a la que las autoridades ucevistas le cedieron a un grupo empresarial el derecho de utilizar el nombre y los colores de la inveterada “Casa que vence las sombras”, lo cierto del caso es que una nueva versión de la UCV ha vuelto a la primera división de Venezuela.

Hubiéramos querido que el regreso de nuestra querida casa de estudios a la máxima categoría, después de 32 años de doloroso extravío entre la indolencia y el olvido, se produjese con un proyecto propio, surgido de las entrañas de la Dirección de Deportes de la universidad; gestado para convocar a los mejores talentos de la ciudad y con el fin de amalgamar educación y fútbol profesional en los botines de sus jugadores.

Pero con una rectora como Cecilia García Arocha que ha dejado al garete a la UCV, convertida hoy en un espacio fantasmagórico sin estudiantes, profesores, ni alma, no resulta extraño que el deporte también se haya privatizado, y el tiempo dirá si el equipo que hoy dirige el legendario Pedro Acosta logra convertirse en un producto genuino, auténticamente ucevista o pasa a la historia como otra idea fallida de los que hoy dirigen la Fundación UCV, tan criticados por excluir a los estudiantes de sus espacios deportivos.
El debut ante el Caracas fue menos disparejo de lo que se podría vislumbrar.

El equipo de Acosta mostró carácter y tuvo opciones claras de gol por medio de Ronald Peña, demasiado ansioso por demostrar su talento como atacante, y del colombiano Daniel Mosquera que se merendó un tanto cantado.

El grito triunfal de ¡U,U, UCV!, tendrá que esperar.

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