miércoles, agosto 10, 2022
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Visión de juego | La sentencia final para Esquivel debe ser desterrar su método

Después de siete años de detención, el juicio a Rafael Esquivel Melo por su participación directa en la gerontocrática mafia suramericana para exigir y cobrar sobornos por la adjudicación de los derechos de transmisión y comercialización de las competencias organizadas por la Conmebol, como la Copa América, llegaría hoy a su final.

El expresidente de la Federación Venezolana de Fútbol está citado para acudir al juzgado de Brooklyn, Nueva York, donde a las 2:30 p. m. escuchará la sentencia definitiva por su cargos de conspiración para cobrar sobornos millonarios, lavar dinero y realizar transacciones ilícitas a través de su empresa Benz, utilizado su cuenta en el banco BMBM’s Miami.

Todo se desencadenó el 27 de mayo de 2015, cuando Esquivel disfrutaba un apetitoso desayuno en compañía del presidente encargado de la Federación de Fútbol de Argentina, Luis Segura, en el lujoso Hotel Renaissance en Zúrich. Sorprendidos por las noticia matutina de que el FBI había iniciado un operativo en contra de varios dirigentes de la FIFA, Segura le señaló la televisión y Esquivel cayó en cuenta que su nombre aparecía entre los buscados.

Minutos después, el equipo del FBI comandado por el agente especial de recaudación de impuestos de Los Ángeles, Steve Barrymore, lo puso bajo arrestó por los cargos de extorsión, conspiración de fraude electrónico, lavado de dinero en múltiples esquemas de sobornos vinculados con la Conmebol y empresas como Traffic, Torneos y Competencia, Fullplay y Datisa.

Una vez encarcelando en Suiza, Esquivel intentó eludir la justicia de EE. UU que solicitaba su extradición, porque los delitos financieros se había cometido en su territorio, y la llamada Ley RICO, aprobada por el gobierno de ese país en 1970, permitía actuar contra los grupos mafiosos para desmantelarlos y confiscar sus bienes.

Después de haber permanecido preso en Zúrich, Esquivel fue extraditado el 8 de marzo hacia Estados Unidos, donde negoció su libertad provisional y el 10 de noviembre de 2016 aceptó declararse culpable de los seis cargos que lo enfrentarían a una sentencia máxima de 20 años de cárcel.

Pero Esquivel cooperó con la investigación del FBI. Además de aceptar su culpabilidad convino pagar 16 millones de dólares al fisco de Estados Unidos, lo que le permitió gozar de libertad vigilada en Florida, donde cada día debe responder en su lujosa mansión la llamada telefónica del supervisor legal de su caso para comprobar que no ha salido del estado. También ha recuperado su derecho a trabajar y continúa con sus negocios empresariales vinculados a repuestos automotrices.

Todo ello indica que la sentencia contra Esquivel podría ser benévola, tomando en consideración lo ocurrido con otros dos dirigentes de la Conmebol que ya recibieron condena. José Napout, expresidente de la Federación Paraguaya de Fútbol y de la Conmebol, se negó a cooperar con el FBI, se declaró inocente y en consecuencia fue condenado a pagar nueve años efectiva de cárcel.

En cambio José María Marín, expresidente de la Confederación Brasilera de Fútbol, sí decidió colaborar y en 2017 recibió una pena de cuatro años de cárcel, pero fue liberado en 2020 por razones humanitarias.

En el entorno de Esquivel confían que la jueza Pamela Chen tome en cuenta la admisión de culpabilidad, la cooperación con el FBI y los cinco años de libertad vigilada para recibir una sanción mucho menor, o incluso gozar de libertad plena para regresar a Margarita. Alegan que Esquivel era un capo menor en comparación con otros dirigentes de la Conmebol y de la FIFA, como el uruguayo Eugenio Figueredo, el brasileño Ricardo Texeira y el fallecido paraguayo Nicolás Leoz. Cualquiera sea la decisión de la jueza Chen, el fútbol venezolano tiene que desterrar el esquema mafioso de Esquivel y a quienes aspiran continuar con sus prácticas en la FVF.

Continuidad o cambio es el dilema en las elecciones de Fevefútbol

El proceso electoral en la Federación Venezolana de Fútbol culminará el viernes de la próxima semana con la celebración de la Asamblea General Nacional. Dos planchas lucharán por obtener el respaldo de la mayoría de los representantes de asociaciones, comisiones de entrenadores, árbitros, jugadores, féminas, clubes de primera y segunda división con derecho a votar.

Hasta el último día los herederos del clan Esquivel-Berardinelli deshojaron la margarita para colocar en los cargos a quienes representaran mejor los intereses de sus mentores. Los custodios de la heredad de Esquivel metieron en la plancha dos, a Víctor Manuel Díaz Esquivel, sobrino del condenado expresidente y administrador del Centro Nacional de Alto Rendimiento en Los Robles, como miembro principal.

Por su parte, los beneficiarios del difunto Berardinelli, siguieron degradando a Ernesto Muller, que de candidato a presidente del grupo Evolución Vinotinto, descendió a segundo vicepresidente. Su puesto como primer vicepresidente quedó en manos del exfutbolistas Atahualpa González, antiguo hombre de confianza en la gestión de Berardinelli, que terminó sus días acusado de manejos ilícitos en la FVF y de participar en la falsificación de documentos para destituir a Rafel Dudamel como técnico de la Vinotinto.

Este viernes serán las elecciones de la FVF. Los ganadores en el proceso tendrán la responsabilidad de transformar las estructuras de la entidad y recuperar la imagen derruida de la FVF, por la corrupción de Esquivel y sus adláteres. Los votantes deberán elegir entre la continuidad del esquema mafioso del expresidente o por dinamitar esas estructuras.

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