sábado, julio 20, 2024
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Camiseta 10 | El fútbol tiene sus incomprendidos

El teléfono de James Rodríguez no deja de sonar. Pero no es su representante para hablarle de una nueva contratación, sino para decirle, en cada llamada, que no hay equipo en este mundo que quiera disfrutar de su juego.

El mediocampista, con residencia actual en el condado de Merseyside, el mismo del Liverpool y de los Beatles, mira hacia otro lado, echa un vistazo hacia su país y tampoco hay respuesta: Reinaldo Rueda, el técnico colombiano de la selección, duda si lo convoca o no para los partidos del Premundial Suramericano.

Entretanto, en España, Nicolás Fedor, ahora con el Deportivo La Coruña después de sus aventuras en Escocia, Catar, India y Chipre, espera con estoica ansiedad su llamado a la Vinotinto.

Ha dado saltos de un equipo a otro, ha marcado goles dondequiera que haya ido, pero ni así es tomado en cuenta por los técnicos que han sido.

James, ya con treinta años de edad, aguarda el gran salto, debido a su innegable calidad, que desde siempre se ha pensado que puede dar; Miku, a sus treinta y seis años, sabe que, aunque mantiene su alto nivel, ya vive la culminación de su carrera como atacante de fina estampa…

Como sucede en todas las cosas de la vida, las incomprensiones se atraviesan en las cosas de la gente. Esto, como la marcha de los elefantes, nadie puede explicar porqué sucede.

En el caso de James, su malcriadez, su inconformidad, lo ha hecho perder posiciones en la escena internacional; no está contento en ninguna parte, no está feliz porque, como dice el escritor checo-francés Milan Kundera, “hay culpables que buscan la culpa”.

El caso de Fedor, aunque al final es lo mismo así su personalidad sea muy diferente a la del colombiano, tiene que ver con su manera de ser: casi siempre callado, casi siempre escondido del hecho noticioso.

Jugador de gran bagaje, ahora recordamos un gol de crack que le hizo a Ecuador en Puerto La Cruz…

En el envés de la moneda se paran jugadores que sin tener el talento de Rodríguez y Fedor han pegado su fortuna del lado correcto, y les ha ido de lo mejor. Están bendecidos, tocados por la magia de la flauta de Hamelin, y consiguen su lugar en cualquier lugar desde donde hayan sido llamados.

Son casos frecuentes, de cada día, porque el fútbol, deporte sin estadísticas valederas como en el beisbol y el baloncesto, es fundamentalmente de piel, de maneras de verlo y de sentirlo.

Mientras estos hombres juegan y ganan dinero, James Rodríguez y Nicolás “Miku” Fedor, cada uno a su manera, cada quien con su sino marcado, aún aguardan el mejor llamado del destino.


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