sábado, julio 13, 2024
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Camiseta 10 | “Go, Go, Gators, go go”: fútbol solo para ellas

Gainesville, Florida

Las trompetas y trombones de la banda revientan los aires con sus sonidos de estridencia, y las chicas desbordadas de juventud y uniformadas de “cheer leaders” llenan la cancha. Las luces abordan el escenario y los jugadores de los Gators salen de las profundidades de camerinos y desfilan ante los diez mil aficionados que con camisetas y chaquetas con el cocodrilo naranja en el centro azul deliran al verlos llegan al centro. “Go, Go, Gators, go go” canta la gente en un coro de multitud, se apagan los focos mientras presentan a los jugadores de casa, y el juego de baloncesto entre la local Florida University y Troy Trojans, del estado de Alabama, está por comenzar.

Estamos en el Exactech Arena, gimnasio principal de la ciudad, y un lado de la cancha de baloncesto, voleibol y gimnasia reluce la piscina olímpica; ahí, las fotos de Alberto Mestre y Rafael Vidal, formados en la universidad de Gainesville, hacen saltar el orgullo venezolano. Un día antes el gran show se había montado en el juego de fútbol americano. En el Ben Hill Griffin Stadium una muchedumbre de noventa mil aficionados había aupado al equipo local, que entonces luchaba en el campo contra los Seminoles, su gran rival del estado. Había sonrisas y fiestas de “hot dogs”, “hamburgers” y “beer”, sobre todo mucha “beer”, pues los conjuntos de Gainesville habían salido victoriosos en cada partido.

En Estados Unidos cada ciudad es como un país. Hay antagonismos, enfrentamientos por demostrar que una es mejor que la otra. La gente se entrega, aunque con un fervor no tan vehemente ni furibundo aunque con el mismo corazón, al de América del Sur. No obstante, cuando de la nación se trata y pasando por encima de amores citadinos, el coro “iu, es, ei” (“Estados Unidos”) es unánime. Aquí estuvimos en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96, y las voces populares nos llegaron allá adentro.

Entonces, preguntamos por el fútbol-fútbol: “Aquí en Florida University no hay; o mejor, sí hay, pero solo un equipo femenino”. Seguramente esto está en consonancia con la selección de mujeres del país, potencia mundial, con mucho más reconocimiento nacional que el cuadro de varones.

Salimos del gimnasio y el frío de la tarde comienza a apretar. Llega a ocho grados, a seis, y en la madrugada baja a dos. Mientras seguíamos el partido de baloncesto no sabíamos de temperaturas, pero ahora es tiempo de procurarse un café bien caliente. Si es café venezolano, mucho mejor.

EN TIPS

Desarrollo

El poder deportivo de Estados Unidos se fundamenta en las universidades. De esta fuente es de donde aparecen los jóvenes que olimpiada a olimpiada obtienen las medallas de oro.

Interés

El soccer (fútbol) es popular en la secundaria, pero luego, en la educación superior es abandonado porque los jóvenes prefieren otros escenarios profesionales: es ahí donde está el gran dinero.

Saltos

Los jugadores llegan desde la universidad a la NBA, al fútbol americano, al hockey y al soccer de manera directa, sin pasar por estaciones como las que obliga el beisbol.

Acentos

Cientos de estudiantes y deportistas de Florida aprovechan sus momentos libres para hablar español. De inmediato reconocemos las nacionalidades: colombianos y venezolanos en mayoría, argentinos, chilenos, peruanos, y en portugués, brasileros.

Deyna pasó por aquí

El arco de la Florida University se estremeció cuando una estudiante de LA University, en Tallahassee, enredó la red con su gol en el torneo en un partido entre las instituciones educativas. La atrevida atacante que había llegado desde Venezuela, y que además era la conductora del juego de su equipo, se llamaba Deyna Castellanos.

Por aquí no se explican por qué la muchacha no se enroló en el fútbol profesional estadounidense, y la respuesta es porque prefirió, procurando proyección internacional, irse a España para ponerse la camiseta del Atlético de Madrid, club en el que aún disputa con ardor balones y territorios.


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