martes, junio 18, 2024
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Camiseta 10 | La “pandemia” del dinero

Weston, Florida

A mediados de 2020, cuando la pandemia por el Covit-19 desataba la preocupación universal, la mayoría de los analistas sociales vaticinaban tiempos de quiebre para el deporte profesional. Sueldos millonarios y multianuales del beisbol y el baloncesto estarían por derrumbarse, y ni qué decir de las transacciones del fútbol, por entonces ya rompiendo las fronteras, como cosa cotidiana, de los 100 millones de euros. Los malos presagios ahogaban los augurios de un porvenir feliz, y la incertidumbre era la madre de toda actividad humana.

“Bueno, al fin los atletas van a darse cuenta de que hay gente que sufre, de que hay quien pasa hambre. De que ellos también son seres humanos y no dioses”, se oía decir por las calles del mundo. Y así era. Jugadores de los deportes de elite encaramados en sus monumentos, y con vacaciones en yates, viajes en aviones privados y carros de precios inimaginables cobraban la revancha a una sociedad en la que alguna vez tuvieron vidas precarias…

La peste ha ido amainando, el terror por sus consecuencias ya no asusta tanto y el dinero del deporte, con o sin Covid-19, sigue tan campante. Quiere decir que nunca “lloró” por la circunstancia traída por la pandemia, y más que nunca, como jamás se había visto, la situación deportiva continuó del lado de allá de la vida misma.

Cada día llegan las noticias: el Real Madrid ofreció en determinado momento 200 millones de euros al París Saint-Germain por el francés Kylian Mbbapé. 186 millones de dólares puso en la mesa Tampa Bay para el dominicano Wander Franco. Desde Londres y París llegan ofertas para el brasileño Vinicius prometiéndole 18 millones de euros cada año hasta 2026.

El pitcher Max Scherzer ganará más de 40 millones de dólares por temporada; el lanzador venezolano Eduardo Rodríguez acordó con Detroit por 77 millones de dólares. Y, el colmo: Juan Soto, también nacido en Quisqueya, pide a Washington un contrato por… ¡500 millones de dólares!…

El cauce del río, de contracorriente con lo que ha pasado en todo el planeta, aumenta su velocidad y parece no detenerse. El desboque por la plata se ha convertido, en el deporte y en toda la sociedad, en la nueva deidad.

Tanto ha sido así, que a todos los que en algún momento de sus carreras en canchas, estadios y gimnasios llegan al estrellato, de inmediato son “reyes”: el rey LeBron James, el rey Lionel Messi, el rey Félix Hernández, el rey Cristiano Ronaldo, el rey Miguel Cabrera, el rey Michael Jordan. Ser rey simboliza riqueza, abundancia, dominio: ¿algún día llamarán a alguno de ellos, a alguno que haya llegado a la cumbre de su deporte, “mendigo”?

Nos vemos por ahí.


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