lunes, agosto 15, 2022
InicioOpinionesCristóbal GuerraCamiseta 10 | Las promesas de Catar

Camiseta 10 | Las promesas de Catar

Con 19 selecciones ya clasificadas, el Premundial entra en ebullición. Todas las promesas parece que se elevan al cielo o se derrumban como los castillos de arena cuando llega la ventisca, una vez que termine la extenuante estación.

En estos días los partidos son normales, con sus resultados a veces lógicos, a veces inesperados, pero iluminados con el marco de la trascendencia; se dan con ese hilo del dramatismo, como en el teatro griego, y con millones de ojos siguiendo cada pelota, cada jugada, cada gol.

Hace unos días, en el partido Japón-Australia, los nipones perdían y, con un aire de inspiración, como iluminados por un ángel invisible, marcaron dos goles en los minutos de posteridad para vencer y llegar de una vez a Catar. Ese es un ejemplo de lo que el fútbol puede deparar, de lo que es capaz de ofrecer; el Mundial es un anhelo, una aspiración profunda de las selecciones de todas partes, porque ¿quién se lo quiere perder?…

En Catar se vivirá el último Mundial con treinta y dos selecciones. Aparece el de 2026 con cuarenta y ocho, y es aquí donde la historia se parte. Porque el Mundial debe ser, para los puristas, un encuentro de exigencia: solo los mejores deben entrar. Y piensan que si esto sigue así, si el fútbol se deja arrastrar por el huracán de la era actual, entonces pronto, en un futuro inmediato, veremos mundiales con ochenta o cien selecciones.

Sin embargo, los tiempos ahora son otros, y si en la NBA pueden llegar a la postemporada dieciséis de treinta y dos selecciones, y en el beisbol a partir de este año doce de treinta equipos, ¿por qué no el fútbol? Y es ahí donde chocan dos tendencias, dos miradas de cómo deben ser las cosas…

El Mundial de 2026 tendrá en Estados Unidos su enorme sustento. Sesenta de los ochenta partidos se jugarán en su inmenso territorio, pues tendrá todo armado con sus grandes estadios para recibir tal avalancha de juegos. Porque no será lo mismo de 1994, cuando armó aquel torneo que para ellos era una verdadera novedad.

En los años posteriores la Major League Soccer se ha ido afianzando, la afición de a poco ha ido creciendo, y en las ciudades ha nacido el sentido de pertenencia hacia sus equipos.

Ya no se van a ver escenas como la que nos tocó vivir entonces en un aeropuerto, cuando algunas funcionarias nos preguntaron si éramos jugadores de alguna de las selecciones. Se ha desarrollado la organización, y principalmente, la conciencia de tener entre manos un hecho de tanta importancia como lo es el Mundial de Fútbol. Nos vemos por ahí.

Lo último