miércoles, mayo 29, 2024
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Camiseta 10 | Quién se lo hubiera imaginado…

Pocos lo hubieran pensado. Cuando se subió el cortinaje del Premundial ya había claros candidatos para viajar a Catar a fin de año, aquellas selecciones que no podían faltar ni que el océano se desbordara, ni que la cordillera andina se partiera en pedazos, ni que de ese momento en adelante tuviéramos que caminar de cabeza. No había manera.

Brasil y Argentina no contaban en ningún pronóstico, porque para no entrar ellos en el Mundial tendría que suceder un colapso descomunal parecido a la llegada del apocalipsis y el fin de la civilización.

Estamos hablando, y cómo cuesta, de Colombia. Solo los dos países antes mencionados pueden ufanarse de tener en Suramérica más y mejor clasificados jugadores en Europa que esta selección, hombres que engalanan expresiones de tanto renombre como Inglaterra, Italia y España.

De ellos se esperaban luminosas actuaciones, especialmente luego de vencer contundentemente, 3 a 0, a la Vinotinto en la apertura del torneo. Entonces, tiempos de “vino y rosas”, como le oímos algunas vez al cantor español Ismael Serrano en “Papá, cuéntame otra vez”, para la gente que cultiva el café y vende flores al mundo entero.

Los tropiezos del Premundial han depositado en la cuneta de la autopista todas aquellas aspiraciones, que luego de tropezar con las verdades del fútbol han dejado a los colombianos, por ahora, fuera del Mundial.

Porque, a decir verdad, no es el mismo caso de Venezuela. Había que ser muy ilusos para creer que la Vinotinto, en actos casi heroicos, iba a batir a los colosos para llegar a Doha.

Entonces, a partir del 24 de este tercer mes del año todo se conocerá. Colombia lo apostará todo en el tablero de juego con dos partidos que, para su alivio, podrían darle seis puntos de aliento final: Bolivia en Barranquilla y Venezuela como forastero. Serán enfrentamientos con dos seleccionados fuera de carrera, pero como a menudo pasa con los que tiene poco que perder, es ahí donde está el peligro.

Quien se lo iba hubiera imaginado, dijimos en el título, y así debe haber sido. Los elogios llegaban a raudales, y los jugadores colombianos tal vez creyeron que con eso bastaba. Al comienzo de la brega despreciaron todo lo que James Rodríguez, su astro mayor, podía aportarles, y las consecuencias han sido pagadas.

Para América Latina un mundial sin Colombia no sabe igual. El sabor de su fútbol, aquella cadencia tan particular, aquel embrujo con la pelota, harán falta.

No quedar última en el Premundial

Por razones de comenzar con pie firme el sendero hacia el Mundial 2026, y con el deseo no disimulado de no terminar última en el Premundial, la Vinotinto hará todo lo posible, y también lo que no existe, para vencer en los dos partidos restantes. Los objetivos son Paraguay (13 puntos), al alcance, y Bolivia (15), más lejano.

Sin embargo, las vueltas del fútbol comprometen más a Venezuela (10), que tendrá que bregar ante Argentina fuera de casa y Colombia aquí. Es una lucha que a pocos en Suramérica interesan, mas en Venezuela sí.

Ahí podría estar el comienzo de un camino que conduzca al jardín florido del edén.

¿Jugar o no jugar?

La duda nace luego de ver por televisión partidos y más partidos, de campeonatos y más campeonatos. En esos momentos se podría pensar que con una guerra en explosión, con el mundo en incertidumbre por las noticias de cada día, el fútbol es indiferente, al margen de la realidad humana.

¿La Fifa y las confederaciones que lo controlan deberían, en un hecho de conciencia, ordenar no jugar hasta que haya luz en el camino, cuando ya la guerra no sea tema de la cotidianidad? He ahí el dilema, porque si el fútbol es alegría y distracción, todos sus actores son personas a quienes por algún lado afectan los sucesos.

¿Jugar o no jugar?

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