lunes, mayo 27, 2024
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Camiseta 10 | Suramérica, el milagro que deja de ser milagro

El martes pasado, el Caracas viajó a Perú para enfrentar dos días después y en la primera fase de la Copa Libertadores a la Universidad César Vallejo. Clasificar a la fase de grupos, aspiración del equipo venezolano, es por ahora el máximo anhelo. Ese paso gigantesco es el sueño acariciado por los conjuntos de Suramérica, el cuento de hadas del gran torneo consagratorio y una fuente de abundancia de dinero apetecido por todos. Hasta ahí, todo bien.

No obstante, poco a poco la fábula se ha ido desvaneciendo. Las restricciones por la pandemia obligaron al Caracas a tomar medidas extremas, pues debió alquilar un vuelo chárter y pagar 80 mil dólares por el servicio; a esto habría que sumarle los gastos de comidas, hotel y viáticos, y según los resultados del partido, los premios a jugadores y cuerpo técnico.

Un equipo como los Rojos del Ávila, organizado y sólido, puede aguantar semejantes palo de agua, pero este panorama resulta duro de asumir para otros conjuntos nacionales. Y ni qué decir para los de viejos tiempos, cuando había que arreglárselas para subsistir.

Hace unos días comentábamos el tiempo de los equipos de fútbol sin obtener la gracia de un título, y también la desaparición de muchos en suelo venezolano. Han sido catorce los desertores, sin incluir aquí a aquellos que se han ausentado para luego, como el Ulises de la Odisea, regresar.

Las razones han sido varias, dos por encima de todas: el entusiasmo de algunos, y la plata. Alzando el vuelo con el deseo de entrar en la historia y también como una manera de figurar públicamente, hemos visto a empresarios que, con buenas o dudosas razones se han encaramado encima del escenario para en algunos años bajar entristecidos y pronunciando aquella frase lapidaria: “Esto no era como nosotros pensábamos”.

Dinero que se va no regresa. Esa es la razón que hace desistir a tantos. Claro que los tiempos han cambiado y ahora los equipos reciben de la Confederación Suramericana un dinero grueso por entrar en la Libertadores y la Suramericana, pero la vida ha subido en todos los renglones y llegar a las copas va dejando de ser el milagro económico.

Desde hoy en adelante habrá que pensarlo. La plata en abundancia, al menos para los días por venir, ha mermado en toda Europa; ni qué decir en América del Sur. Los equipos venezolanos, bañados por la crisis, miran hacia Asunción del Paraguay, sede de la Confederación, con la incertidumbre marcada: ¿y ahora qué?

Carreras en los bajos

Muchas veces lo vimos. Y sentimos angustia por el fútbol del país.

Directivos de los equipos en la Copa Libertadores pegando carreras y rogando a otros compañeros por los bajos del estadio Olímpico para reunir el dinero y pagar a los árbitros internacionales.

“Si no pagan no salimos a la cancha”, decían los tipos con arrogancia y poder, por entonces vestidos todos de negro y atrincherados en un camerino. Tal escena tragicómica ya no se ve, porque la plata de los árbitros corre por cuenta de la Confederación.

El fútbol de la región se ha organizado, anda por otros caminos; ahora son otras las preocupaciones de sus actores.

En tips…

Marítimo. El rojiverde arrastró multitudes a los estadios del país, pero diferencias insalvables con la Federación lo obligaron a desaparecer.

ULA. El equipo merideño, en 1984 semifinalista de la Copa Libertadores, no aguantó la rivalidad con Estudiantes y decidió partir.

Pepeganga. En América del Sur se reían del nombre del conjunto margariteño. Con todo, dio batalla en su participación internacional.

Minerven. El cuadro guayanés vivió momentos de gloria en Suramérica, y donde quiera que jugó fue respetado como uno
de los grandes de la región.

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