martes, diciembre 6, 2022
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Gradisco vs Koufax

Disfruta una nueva entrega de "Triple play" por Humberto Acosta

No pretendo evocar las hazañas del bueno de Gradisco en la pista del hipódromo de La Rinconada, cuando se convirtió en el primer potro de la historia en ganar la triple corona del hipismo en Venezuela, y hasta el presente el único capaz de conquistar diecisiete carreras consecutivas. Tampoco sentarme junto a Oscar Armao Mendoza para seguir la pista de la cobertura que hacía de las carreras de los caballos, su especialidad y su razón de ser  en las páginas del diario El Nacional. Solo pretendo reencontrarme con el lugar donde surgió nuestro afecto por el beisbol, y sobre todo, el pitcher Sandy Koufax.

A principio de los años sesenta, era un neófito en beisbol. Solo los caballos de carrera estaban en capacidad de quitarme el sueño, como lo hizo Gradisco entre 1959 y 1960 cuando solo era un niño de unos 10 años. Sus fotos adornaban los cuadernos de la escuela, y recortadas, conformaban ficciones de carreras que competían  en pistas imaginarias. Hasta que un mal día, Gradisco se partió una pata mientras corría en la pista de La Rinconada conducido por Manuel Camacaro.  Fue el principio del fin de nuestro cariño por los caballos, y nuestra admiración por los peloteros. Y sentimientos distribuidos para siempre, entre Gradisco y Koufax.

“La historia del primer triple coronado del hipismo nacional está envuelta en un halo de magia”, cuenta Blanca Elena Pantin G. en las memorias de la familia publicadas en El Nacional. “En efecto, debutó en el hipódromo como cualquier “hijo de vecino”, pero cuando le ganó en su tercera salida a la pista a Round Tree, el crak de La Rinconada, entonces la gente y los especialistas, comenzaron a interesarse por el origen de aquel pura sangre que tenía por seña, una estrella blanca en la frente”.

Detrás de aquella conmoción estábamos nosotros. Todas las tardes dominicales, nos  acomodábamos frente a la televisión para ligar las carreras que Manuel Acosta había sellado la noche anterior, mientras ansiosos esperábamos la aparición de Gradisco. Luego supe  que había debutado el 11 de julio de 1959, y que para mi orgullo de incipiente aficionado, nunca perdió una sola de sus primeras diecisiete.

No perdía con nadie

“Gradisco estaba muy sobrado en 1960”, le escuchamos decir a Armao, en una de esas charlas que suelen organizarse de tarde en tarde en las redacciones deportivas. “En incluso no solo ganó la triple corona y sus primeras diecisiete carreras en plan de invicto. Tres de ellas a los dos años, otros catorce como tresañero, y una sola derrota, entrando último a los cuatro años”. Han pasado más de sesenta años de aquella gesta, y aún me enorgullece estar entre sus aficionados incondicionales.

Triste partida

Esta evocación de Blanca Elena Pantin de la carrera final de Gradisco aún me conmueve. “Cuando Manuel Camacaro comprendió que Gradisco no le respondía, lo  fue llevando poco a poco. Gradisco pasó caminando por la recta final y al cruzar el disco, recibió el aplauso más tronador que se recuerda en el hipódromo de La Rinconada”.

En casa,  guardo una foto de José Sardá, con Manuel Camacaro  sobre Gradisco frente al palco principal de La Rinconada, en el paseo final de su carrera. No pocos dejaron escapar varias  lágrimas.

Llegó Sandy Koufax

No son pocas las razones que hicieron de Sandy Koufax nuestro pelotero favorito en las memorias de las grandes ligas. Un recuerdo que apenas se remonta a algo más de seis años de sus doce entre 1955 y 1966. Entre los más reputados, tres juegos sin hits ni carreras, un desafío perfecto, tres premios “Cy Young”, 40 blanqueos, cinco lideratos de efectividad, tres campañas con más de 300 ponches, tope de más abanicados en la Liga Nacional con 382 en 1965, 165 victorias. Más Valioso de la Liga Nacional en 1963 y Más Valioso de la Series Mundiales de 1963 y 1965.

Supe de la existencia de Koufax de manera accidental. Principio del decenio de 1962. Ya estaba pendiente de la colexión de barajitas de la cadena Topps que ese año llegó a los abastos de Venezuela. En la que se encontraba la tienda de la escuela Gran Colombia, llegó la colección que obteníamos por un bolívar y cuatro tarjetas de barajitas. En una de ellas estaba la de Koufax. Destacaba que había sido el primero de la Nacional con una marca de 269 ponches. Un Récord.. Desde ese día empecé seguir sus pasos, temporada tras temporadas.

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