Los 100 años de Milton Richman (3)

Es la última columna dedicada al periodista Milton Richman en sus 100 años, utilizando una entrevista que le hizo Rodolfo José Mauriello para El Nacional en 1981.

Aprovechar la experiencia de Richman como jefe de la sección de deportes de la agencia internacional de noticias UPI, en su paseo por el periodismo, y muy en particular, por su tránsito por el beisbol de las grandes ligas.

Esperamos haya sido del provecho de los lectores, especialmente de quienes conviven en el mundo de la comunicación social de ayer y hoy.

Mauriello procuró cerrar la entrevista con un juicio de Richman de lo que había sido hasta ese instante su carrera. ¿Satisfecho? ¿Realizado profesionalmente? ¿Feliz?

“No completamente”, respondió si la cobertura del periodismo deportivo satisface.

“Desde hace años escribo una novela. No tiene nada que ver con los deportes. Los menciono nada más. Me gustaría ser redactor policial. El deporte es importante, pero no lo más importante. Hay momentos en que se cree que se trabaja en algo frívolo dentro del periodismo. Sin embargo, este periodismo de ahora, es mejor que el tradicional que conocemos. Soy un hombre con una pequeña formación. Apenas terminé la secundaria. Quería ser pelotero. Quizás los periodistas de antes como yo, fuimos primero fanáticos y luego redactores, pero admiro los de ahora. Una profunda educación. Una facilidad para redactar y una capacidad para permanecer imparciales y evitar la emoción dañina. A los periodistas de ahora quizás les falte un poquito de corazón, pero les sobra cerebro”.

Richman había estado cerca de abandonar su lugar de trabajo en el piso 14 del edificio del periódico Daily News, en el Este de la Calle 42 en Nueva York. Tentaciones que pudieron ir al lugar que tanto añoraba en los espacios del beisbol de las ligas mayores.

“Varias veces he recibido ofertas de equipos que me ofrecen puestos de asistente al presidente o al gerente general”, reconoce.

“Pero este amor tan grande por la profesión, no me ha dejado ni siquiera escuchar esas proposiciones”

¿Y la vida privada del atleta, preguntó Mauriello a título de despedida?

“No debemos cuidar la vida privada de los atletas, pero la mayoría nos sentimos trabajadores sociales”, reconoce Richman.

“Y no lo somos. Es parte de lo mismo. Del amor por la profesión que nos hace entrometernos tan profundamente en la vida de quienes forman el mundo deportivo. Sí. se tiende a perder la imparcialidad, pero ese no es mi caso. Admiraba a Rocky Marciano. Cada vez que subía al ring esperaba, la demolición del contrario. Era una especie de Sandy Koufax en el beisbol. Nadie podía negarlo. Cómo no admirarlo”.

Richman murió en 1986.

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