Con 21 años, Jesús Rafael “Pantoño” Oronó tocó el cielo, fue casi un héroe nacional, poco consciente de su fama, pero sí del talento que le llevó, prácticamente con un solo puño, a ser un boxeador de talla mundial, tal como ocurrió en 1980 contra el surcoreano Seung-Hoon Lee en el Nuevo Circo de Caracas.
Ciertamente, el pasado 2 de febrero se cumplieron 43 años de aquel histórico combate y sin precedentes, pues se trató de una pelea por la faja mundial de la categoría supermosca que por primera vez disputaba una corona del Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
“Yo estaba ansioso por ganar ese título. Quise noquearlo en el segundo round, no estaba esperando una decisión de los jueces. En el tercer round le di fuerte en la mandíbula y al cazarlo para repetir, él agachó la cabeza y el puño no llegó por lo que me fracturé. De allí solo me limité a lanzar la izquierda, peleando hasta 12 capítulos más con una sola mano”, detalló a Líder en Deportes quien tuvo como principal premio poder comprarle la casa a “Maíta”, su abuela.
Oronó recordó que el boleto a dicho combate se lo ganó gracias a un extraordinario performance como pegador amateur en el cual pudo cosechar hasta 10 preseas representando a Venezuela en naciones como Rusia Cuba, Colombia, Panamá, España y Tailandia.
Fue el promotor Rafael “Rafito” Cedeño, en el gimnasio ubicado en el Estadio Nacional Brígido Iriarte en el Paraíso, donde Oronó entrenaba con Freddy “Cochocho” Rengifo, que le pidió ser sparring del campeón mundial Betulio González al cual le partió la nariz.
Luego de ese “pequeño” incidente, producto de su talento, fue convencido de no ir a las Olimpiadas de Moscú-1980 y abandonar a la selección nacional para saltar al profesional y dar inicio a una historia que no siempre fue color de rosa.
“Cometí el error de irme a esconder a mi pueblo Pantoño (Sucre). Dejé de ganar una medalla olímpica porque no asistí. A todos los medallistas de esa competencia yo les había ganado antes, cubanos y dominicanos”, lamentó quien se dejó seducir en ese momento por el dinero para subirse al ring con otros grandes retadores.
Momento gris de su vida
Para “Pantoño” ser campeón mundial le relacionó con supuestos amigos que conforme pasó del tiempo se alejaron al ver que su carrera ya no era la misma, ni tampoco su condición económica. Tal situación se reflejó tras la infructuosa defensa de ese primer cetro.
“Cuando pierdo un año después (1981) en San Cristóbal, con otro surcoreano, Chul-Ho Kim, quien me noquea, regreso a mi habitación del hotel donde unas 8 personas que estaban conmigo desaparecieron por lo que me puse a llorar y pensé en tirarme de ese cuarto piso, quise suicidarme”, confesó.
Superado esto, logró recuperar su título mundial en 1983 para perderlo en 1985 y marcar desde allí lo que sería el fin de su carrera a los 30 años.




