Gancho de izquierda | “Morocho» 57 años después

El próximo lunes 17 se cumplirán 80 años del nacimiento en Louisville, Kentucky, de Cassius Marcellus Clay, desde 1967 conocido como Muhammad Ali, “El Más Grande”, y un día más tarde, esto es, el martes 18, se celebrará en Venezuela el Día del Boxeador, instituido en conmemoración de la fecha, de hace 57 años, en la que el caraqueño  Carlos “Morocho” Hernández conquistó la primera corona mundial para un nacional, la del peso superligero o welter jr. (140 libras, 63 kilos y unos gramos) de la Asociación Mundial y del Consejo Mundial mediante una controversial decisión dividida, frente al estadounidense Eddie Perkins en el Nuevo Circo, escenario principal para el boxeo y las corridas de toros en aquellos ya lejanos días.

En esta columna de hoy daremos prioridad al triunfo de Morocho, por razones obvias y comprensibles (“A los tuyos con razón o sin ella”, reza el proverbio). La semana próxima nos ocuparemos de Muhammad Ali y de su 80° aniversario.

Aquel distante lunes de enero el peleador de La Pastora se adueñó de las dos fajas con  la votación de  los jueces locales Dimas Hernández (143-142) y Santos Arismendi (146-142). El “tercer hombre”, Henry Armstrong, uno de los más ilustres  peleadores de la historia,  se inclinó por su compatriota 150-139.

“Morocho”  es conceptuado, sin discusión alguna, el más grande boxeador nacido en Venezuela. Aquel histórico lunes,  con 26 años,  y marca de 35-4 (1), 23 nocauts, batalló por 15 rounds ante el hábil rival de 28 años –que cuatro años  atrás le había quitado el invicto—quien subió con 48-9-5, 11 ko y 1 en contra. El venezolano se había dado a conocer nacionalmente 6 años antes cuando se títuló en el peso pluma en el prestigioso y ya desaparecido torneo amateur Cinturón de Diamante efectuado en México, en el que sus compañeros de equipo Ricardo Salas (gallo), Félix Liendo (ligero), Enrique Tovar (welter) y Fidel Odremán (mediano) también se coronaron,

Poco después de México, Hernández dio el salto al profesional y el 26 de enero del ´59 se estrenó con un nocaut en tres asaltos a Félix Gil, a quien siguieron en fila otros siete liquidados por la misma vía, entre ellos los cubanos Pedro La Barrera, Ángel Chapman y Francisco Serrano, en Santa Clara el primero y en La Habana los otros dos, en su primera incursión en el rentado fuera de Venezuela.

EL KO A DAVEY MOORE

Con un récord de 8 triunfos por fuera de combate y empates frente a los antillanos Ángel Robinson García y Douglas Vaillant y 2 ganadas a los puntos, una de ellas ante el estadounidense Luke Easter en el Madison Square Garden de Nueva York, el criollo alcanzaría notoriedad ante el mundo del boxeo con un clamoroso y sorpresivo triunfo sobre el para entonces campeón mundial pluma Davey Moore.

El 14 de febrero de 1960, en el Nuevo Circo de Caracas, ambos d4entro del peso superpluma,  una derecha del pastoreño sacudió y  le fracturó la mandíbula al estadounidense, aplastado finalmente en el round siete al no poder responder al llamado de la campana. Esa victoria convirtió al “Morocho”en un naciente ídolo para una afición hambrienta de una figura estelar a quien seguir, luego de los retiros del pluma Víctor Adams, Sonny León sobre el ring, y del zuliano Ramón Arias, este el primer venezolano en discutir una faja mundial, la del peso mosca, ante el argentino Pascual Pérez el 19 abril de 1958 en el Nuevo Circo y quien retuvo la corona (Pérez, queremos decir) a los puntos frente a un corajudo aspirante que no pudo pararle el trote al llamado León de Mendoza, uno de los más excelsos peleadores latinoamericanos de cualquier era..

PERKINS EN EL CAMINO PARA MAL Y PARA BIEN

“Morocho” prosiguió su camino exitoso entre abril del año ´60 y marzo del ´61, con victorias sobre Gil Cadilli (DU); el mexicano Alfredo “Canelo” Urbina (DU); en Los Ángeles); su compadre Vicente Rivas (KO1); el estadounidense Baby Ros(KOT6); el cubano Ángel “Robinson” García (2 veces, por DU); un empate con Kenny Lane en NY y una decisión frente al “gringo” Len Mathews, 5° en el ranking ( ante quien ofreció una magistral exhibición técnica), y con un récord impoluto el noqueador caraqueño se vio por primera vez frente a Eddie Perkins, un zorro del ring, quien apeló a sus mañas y experiencia para terminar con el invicto de Hernández mediante una decisión sin discusión con el Nuevo Circo nuevamente como escenario, en junio del ´61.

Luego del traspié ante Perkins, el primero de una carrera rutilante hasta el momento, “Morocho”(llevado de la mano por su apoderado y promotor Rafito Cedeño, con Juan Medina –Juancito para sus amigos–su entrenador de siempre en su esquina), reemprendió el camino.

Para entonces habían  empezado ya, a ritmo moderado, las noches de jolgorio, de alcohol y de mujeres, de desapego al gimnasio, las que con el tiempo se  harían rutinarias y disminuirían el inmenso caudal de atributos boxísticos que poseía, desordenes que le impediría llegar mucho más alto, al sitial para el cual parecía destinado aquel boxeador de 1,78 de estatura, nada común para los de su peso, con una pegada letal y con un boxeo depurado. Un boxeador, en suma, llamado a escalar las altas cumbres en la profesión a no ser por eso.

Decíamos, antes de la digresión, que Morocho reanudó el camino sobre el ring luego del revés frente a Perkins, contra quien se vería de nuevo tres años más tarde en la pelea de su consagración.

Para llegar hasta allí el púgil criollo se apuntó 10 nocauts y 5 decisiones en 18 combates más, de los que perdió dos a los puntos con Kenny Lane y Paul Arsmtead y otro por KOT ante el cubano José Ángel “Mantequilla” Nápoles, quien se levantó de una caída y lo noqueó de pie en 7 vueltas, en el Nuevo Circo, el 22 de junio de 1964. Siete meses más tarde vendría el segundo choque con Perkins, causa y razón de esta columna de hoy, suceso que  abreviaremos en las pocas líneas que seguirán a estas:

Aquel histórico lunes,  con 26 años  y  35-4 (1), 23 nocauts el “Morocho” Hernández batalló 15 rounds ante el  rival 2 años mayor y quien subió con 48-9-5, 11 ko y 1 en contra. La pelea fue una copia repetida y ciertamente de pocas alternativas, aburrida, en dos platos, durante todo el trayecto con Perkins sin dejar de moverse por todo el ring y que se paraba de pronto para colocar   sus puños en ráfagas, perseguido sin reposo e inútilmente por un “Morocho” desconcertado e incapaz de encontrar el camino que lo condujera hasta el derribo definitivo del adversario.

Cuando la pelea concluyó, la afición que colmó el vetusto local esperó en silencio, expectante y y sin muchas esperanzas el veredicto y estalló de júbilo, repetido en el resto del país, cuando el anunciador dio a conocer el fallo emitido por Hernández y Arismendi. Después de aquella muy polémica victoria que le alzó hasta el anhelado título mundial con el que soñaba la afición desde los días del “Pollo” Simón Chávez, en los años 30-40, Hernández defendió el doble cinturón contra el colombiano Mario Rossito (KO4) en Maracaibo el 15 de mayo del ´65  y ante  Percy Hayles (KO3) en Kingston, Jamaica, en julio del mismo año y los perdió en abril del ´66 con el l italiano Sandro Lopopolo por DU,  en Roma, el 29 de abril del año siguiente..

Tres años más tarde, en mayo, peleó en el Luna Park de Buenos Aires por el título con el argentino Nicolino “El Intocable” Locche y sucumbió por abrumadora decisión. Su última pelea fue contra el escocés Ken Buchanan, excampeón mundial ligero, quien lo noqueó en 8 asaltos en Wembley, Londres,  el 11 de mayo del 71.

En una carrera desarrollada entre 1959-71 sumó 60 triunfos, 44 por KO, 12 derrotas, 5 Ko en contra y 4 empates. Ningún otro boxeador criollo ha noqueado a tantos. El siempre recordado “Carlos “Morocho” Hernández nació en Caracas el 22 de abirl de 1939 y falleció a los 74 años, el 2 de julio de 2016. Perkins murió en Chicago, Illinois, en mayo del 2012 con 75 años de edad, por demencia senil y diabetes. Entre 1956-75 combatió 97 veces para 74-20-3, 27 Ko y solo 1 en contra.

Seis años después, en 1971, al “Morocho” se unieron  como monarcas mundiales Vicente Paúl Rondón en semipesado, Alfredo Marcano en superpluma, Antonio Gómez en pluma y Betulio González, en mosca.

Pero este es otro cuento…

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