martes, abril 23, 2024
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Camiseta 10 | Gradas medio llenas, gradas siempre vacías

Viendo los graderíos de los juegos de grandes ligas y los de los partidos de fútbol en Europa y Suramérica, uno puede preguntarse si en aquellos paisajes no hay una contradicción: ¿por qué unos están medianamente llenos, con todo ese colorido, con todo ese candor de la gente, y otros perdidos en la desolación? Alguna vez leímos en un texto de Pablo Neruda(“El libro de las preguntas”) esto: “¿Hay en el mundo algo más triste que un vagón de tren para do bajo la lluvia?”; sin embargo, ver los encuentros de europeos y suramericanos sin un alma haciendo fuerza desde el cemento nos parece igualmente lánguido. ¿Está demostrando la organización de las ligas mayores, y por extensión, Estados Unidos como país, tener un control social más adelantado? Porque mientras en Europa siguen discutiendo cuáles es la vacuna más acertada para caerle encima al coronavirus, allá arriba, en el mero norte, cada día sienten en sus brazos la inyección del antídoto cuatro millones y medio de seres humanos…

Ni Suramérica ni Europa se atreven. No hay osadía en estos continentes, especialmente en aquel geográficamente ubicado en el otro lado del mar, temerario para algunas cosas, conservador como el que más para otros asuntos. Seguramente los aficionados de aquí y de allá dejarían el aliento por entrar a los estadios, porque el fútbol, y esto es algo que hemos comentado otras veces, ha rebasado largamente las fronteras del deporte para convertirse en representatividad de las razas, en su identidad nacional, en la simbología de una manera de ser y sentir. Infelizmente hemos tenido que ver partidos de tronío, como los de la Liga de Campeones (o Champions League, válganos) o de la Copa Libertadores, que asumiendo el escenario como un todo, juegos y estadios, parecieran del fútbol amateur. Los jugadores se humanizan, se transfiguran en terrestres y ya no son los de “otro planeta” como solemos oír una frase que ya entra en el apartado de los lugares comunes; así el fútbol pareciera no tener alma…

Ahora dirigimos la mirada hacia el 2022, y ahí está Catar y las nubes oscuras que se asoman en el horizonte lejano: ¿será posible un Mundial sin aficionados, una Copa del Mundo solo para la televisión? Esto no deja de ser un peligro, un caminar sobre el filo de la navaja, porque ¿qué tal organizar de aquí en adelante mundiales a estadios vacíos? ¿Saben lo que se ahorraría la Fifa, el fútbol todo, sin tener que pagar viajes de anunciantes, invitados de todo el planeta, sin tener responsabilidades sobre aficionados y todo aquello que representa algo así? Bueno, Dios nos libre de tal descabello. Nos vemos por ahí.

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