Camiseta 10 | Los caminos extraviados

El portugués desea iniciar la eliminatoria con la selección / ARCHIVO
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El fútbol de Suramérica es tan particular, a veces tan incomprensible. Que lo diga Carlos Queiroz luego de su arisco paso por Colombia y su posterior despedida.

Él, portugués, sin experiencia en el lado de acá del mar, pagó cara la osadía de llegar a un fútbol que le era desconocido, corriendo los riesgos de un fracaso que va a pesar con amargura en su hoja de vida como entrenador internacional, en la que figuran además los seleccionados lusitanos, dos veces, Emiratos Árabes Unidos, Suráfrica e Irán.

Reinado Rueda, colombiano y mundialista con Honduras y Ecuador, da tumbos al comando de Chile y luego de su estrepitosa derrota ante Venezuela, se tambalea en la maroma para no caer en el pozo de los malqueridos.

Estos ejemplos dan fe de lo dicho: dirigir en este continente, sea europeo o sea latinoamericano, es como andar por el bosque sin baquiano y sin mapa y teniendo por delante un delta de mil senderos que simboliza la metáfora de la duda y el desconcierto…

Hay entre los técnicos un viejo y humorístico decir. Ellos lo pronuncian entre la joda y la dura verdad: “Los entrenadores vivimos con la maleta hecha y en la puerta de la casa”. Llegan, se van, vuelven a llegar, vuelven a partir.

Es una profesión “antifamilia”, por decirlo de alguna manera, que tiene que cargar, yendo de aquí para allá, con el peso de vivir errante y sin destino cierto con un entrenador de fútbol.

¿A dónde irá Queiroz, cuál será el llegadero de Rueda? ¿Y quiénes vendrán por ellos, corriendo la aventura de ponerse al frente de dos seleccionados que navegan sin rumbo cierto en el mar picado de las derrotas, y con sus jugadores echándose en cara las culpas de los goles adversarios? ¿Quién cargará con los pesares de sus horas de desaliento?…

En la Vinotinto, por acaso, las manos maliciosas se han apartado de la espoleta de la granada. Una caída ante los chilenos hubiese activado el artefacto explosivo, y las consecuencias del estruendo hubiesen sido de mala leche; mas el recreo del Premundial hasta marzo del próximo año ha acallado las voces contrarias.

Quiere decir que, al amparo de una victoria salvadora, José Peseiro sonríe y podrá dormir tranquilo por unos meses. Al final de todo, se ha convertido en el único entrenador de la selección Vinotinto en vencer a Chile en Venezuela, y esta es una razón para resaltar.

Dicen en Brasil que “el que espera nada consigue”, y quizá Peseiro no esté de acuerdo. El que espera algo consigue: el reconocimiento momentáneo de su conquista.

Nos vemos por ahí.

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