lunes, febrero 26, 2024
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Camiseta 10 | Añoranzas por el fútbol de ingenio

No es evocar por evocar, por decir que aquel tiempo que recordamos, por el solo hecho de corresponder a nuestra juventud, fue mejor que el actual. No se trata de eso, y no estamos tratando de escondernos detrás de una cortina que nos sirva de coartada.

Luego de ver, aunque no sabemos si estamos utilizando el término correcto porque hemos debido decir “sufrir”, la final de la Copa Libertadores, no nos quedó otra opción que traer a la memoria aquellos capítulos luminosos con Independiente de Avellaneda, Flamengo, Boca Juniors, Peñarol, Gremio, Nacional, River Plate, Corinthians…

Vaya partido el de Palmeiras y Santos, vaya “tiradera de piedras”, vaya temores desatados de sufrir un gol. Parecía una competencia a ver cuál jugaba peor, principalmente por ausencia de ideas, de imaginación, de caminos por dónde andar y sin luces que se encendieran para conocer las verdades del fútbol que la gente esperaba…

Especialmente por tratarse de dos equipos brasileros. Y es aquí donde queremos poner el acento: se trataba de dos formaciones salidas desde los orígenes del ingenio, de la “tabelinha” y la improvisación negando sus valores ancestrales, “la alegría del pueblo”, como decían en los días de Garrincha.

Queríamos, contra nuestra voluntad, que aquello terminara, que hubiese un ganador y todos a casa, decepcionados por la pequeña historia de un partido que debe ser un ejemplo de cómo no se debe jugar, y mucho menos una final. Yeferson Soteldo, la ilusión venezolana, erró más de lo que acertó, perdido como sus compañeros y adversarios en aquella selva de desaciertos que fue el juego.

Tal vez, y forzando el criterio, el Santos intentó con más ahínco revivir los preceptos del fútbol de su país, de aquella belleza ahora echada a un lado, pero al final se quedó sin fuerzas ante un Palmeiras que, aun negando el fútbol esperado lo superó en fortaleza y en determinación…

Brasil, aun siendo Brasil, no puede negar que la ausencia de sus miles de jugadores esparcidos por el mundo le han hecho un daño irreparable. No podría ser igual ver lo de esta decisión si Santos y Palmeiras dispusieran, y esto es una absoluta utopía, de algunos de aquellos futbolistas que son figuras en España, Inglaterra, Italia, Francia, Alemania.

Aun así, y con toda la añoranza por un fútbol perdido en la neblina de los tiempos, habrá que admitir que es lo que hoy existe, que Palmeiras tiene derecho a celebrar, y que los puristas, los admiradores de un fútbol que deleitó hasta lo profundo, tendrán que seguir viviendo o perderse para siempre en el pozo sin fondo de las nostalgias comunes.

Nos vemos por ahí.

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