martes, abril 23, 2024
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Camiseta 10 | ¿Brasil? ¡Pelé!

Siempre hemos creído que el fútbol representa a la sociedad y a la vida como ninguna otra manifestación; es un acto de fe y sentimientos en el que los números y los cálculos no interpretan cabalmente al ser humano y sus circunstancias. El hombre es importante cuando trasciende, cuando sobrepasa las fronteras de su arte para quedar como un símbolo de generaciones.

Hace algunos años, cuando en Europa y Estados Unidos le preguntaban a un ciudadano nacido en Brasil de dónde era y él revelaba su nacionalidad, de inmediato le decían, con asombro y gratitud, “¡Pelé!”.

Y cuando le decían Pelé, el tipo entendía que el menino de Minas Gerais había dejado de ser un jugador de fútbol para transfigurarse en un símbolo de su patria, en un estandarte del brasilerismo. Pelé lo desbordó todo, hasta al propio Edson Arantes do Nascimento para ser la metáfora de una época dura para Brasil, la simbología de quien sin apenas proponérselo arrastraba consigo a un país, a un continente, al mundo entero…

Por eso, y ni minímamente, Pelé es comparable con otro futbolista. No son los partidos, ni los goles, ni la época. Es su intemporalidad, todo lo que él ha sido para Brasil, para su raza, para la reivindicación del negro que traspasó prejuicios y maledicencias.

En Nigeria dos bandos se mataban sin pudor, no había mujer ni niño, mucho menos hombres que escaparan a la barbarie en la lucha por el poder. Llegó el Santos, entonces de gira en los años 60, y los fusiles callaron.

“¡Llegó Pelé!”, fue el grito de unanimidad, y los bandos enfrentados con el odio marcado en sus frentes se reconciliaron por tres días, porque ver jugar dos partidos a aquel prestidigitador era más que una guerra fratricida. Pelé los había seducido por el sortilegio que solo él ha tenido en las canchas del planeta.

Terminó el partido, vamos a seguir peleando, aunque había detrás de cada bala, detrás de cada metralla, el dulce sabor de haber visto jugar a aquel muchacho que a los 17 años de edad había sido campeón del mundo, también coronado a los 21, a los 29 el tri: ¿saben de alguien más que haya trazado tan lejos la línea del horizonte?

Toda esta historia la refleja Netflix en una película recién estrenada, y aunque bien hecha, le quedaron pendientes actos propios de la grandeza de Pelé. Sin embargo, sí reseña uno que puede decirlo todo: es aquel momento cuando, en silla de ruedas por sus males físicos llega al estadio Vila Belmiro, sede del Santos, para encontrarse con sus compañeros de aquella maravilla de equipo.

Con su simpleza de hombre que jamás renunció a sus raíces, disfrutó con sus amigos como si hubiera marcado uno de sus 1.283 goles. Ah, Pelé; ¿quién te olvida? Nos vemos por ahí.

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