jueves, abril 18, 2024
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Camiseta 10 | ¿Curriculums vitae o prontuarios?

La irrupción de los agentes policiales en las oficinas del Barcelona, hace unos días, fue el juego de espejos de lo acontecido en Zúrich en 2015. Por aquella vez fueron dirigentes del fútbol americano los apresados por manejos sibilinos; ahora le ha tocado al equipo que es “més que un club” por sospechas de negociados oscuros a espaldas de la multitudinaria afición. Unos y otros han pasado por la vergüenza pública de salir cabizbajos, tocados a fondo en su corazas de invulnerabilidad que años de desafueros les habían dado. En Zúrich y Barcelona se han vivido dos episodios que han mostrado, con aterradora claridad, que todos somos humanos y tremendamente débiles, hasta los más encumbrados personajes del fútbol, y que por más que haya elogios los dioses no son terrenales…

En Suiza y España, y en quién sabe cuántos lugares del mundo, el fútbol vuelve a demostrar su cara oculta, el lado menos visible de su luna particular. El hombre, con todos sus defectos, y en este caso los del fútbol, no ha podido resistir la tentación de la plata; la acechanza de un dinero incontable que le ha hecho doblar, sin pudor alguno, la rodilla de sus convicciones y le ha hecho caer en el infierno de la indignidad. El fútbol ha perdido aquella pureza que le conocíamos, y aunque su llegada hasta las esquinas más alejadas y recónditas del planeta se le debe a la televisión, ha sido esta, por cierto, la causante de sus desafueros. Los contratos por transmisión, las gruesas tajadas pedidas por exclusividades, han propiciado un pecado del que va a costar redimirse. Hombres de empresas, políticos renombrados, el jet set universal, pelean por meterle diente a la presa; saben que el fútbol puede ser un negocio por el mismo, y producir un efecto de irradiación hacia otros campos de la sociedad que terminan por ser indespreciables…

Entonces, y de continuar la racha de negocios a la sombra de la legalidad y los valores humanos más diáfanos, duros tiempos esperan al fútbol de todas partes. No se vislumbra un hecho que pudiera hacer cambiar el mal rumbo de las cosas, que lo haga creíble, porque el fútbol no es nada más que los jugadores corriendo detrás de un balón mientras detrás de la raya blanca se desgañitan con nervios en punta los técnicos de cada ocasión. Cuando instituciones serías y seculares, como el Barcelona, caen por el precipicio en busca del dinero a manos llenas, bueno, a resguardarse, porque no habrá tabla de salvación a la que asirse ni habrá confesión que libre al fútbol de la excomunión. ¿Quién será el próximo? Nos vemos por ahí.

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